Quizás no vemos la urgencia de estas palabras. Pensamos que si alguien está cerca, es Dios. El está en todas partes. Tal vez el Padre Felipe no va a estar disponible mañana a las diez, pero no es así con Dios. Para consequir un cita médica podemos esperar un mes, pero ¿Dios no está presente en el momento que lo necesitamos? Pensar que Dios está siempre disponible en un sentido es muy correcto, pero al mismo tiempo ignora una realidad básica.
Una vez hablé con un hombre que estaba triste porque un amigo suyo murió de un ataque cardiáco. "Tenía solamente treinta y cinco, igual que yo," me dijo, "gozaba de buena salud. En un viaje de bicicleta, salió de la carretera. Cuando llegamos, estaba muerto." Su fallecimiento le hizo reflexionar - pero no para volver a Dios. Me dijo, "Padre, me doy cuenta que es importante disfrutar todo los días de la vida."
Está bien disfrutar de la vida, pero hay algo más serio, más profundo. Hay una urgencia no solamente para gozar de todo día, sino para usar la oportunidad, quizás la última oportunidad para volver a Dios.
El profeta Isaías nos dice, "Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca." El repite dos veces la palabra clave mientras. Implica que vendrá un tiempo cuando no será posible encontrar a Dios, cuando no estará cerca. ¿Cómo es posible? Seguro que Dios es omnipresente, que El nunca cambiará. Sin embargo nuestro propio modo de ser continuará solamente un breve tiempo más. Ahora que estamos en estos cuerpos podemos cambiar, reflexionar, llegar a un nuevo modo de pensar y actuar. Podemos mirar a un lado o derecho. Pero pronto nuestra mirada será fija. En el instante de la muerte vamos a mirar a Dios o en contra de El.
Toda persona aquí está acercandose a Dios o alejandose de El. Permitenme dar una comparación. Todos hemos tenido una conversación con un egoista. Puede ser que es un hombre inteligente, pero se concentra tanto en sí mismo que tu existencia como persona no le importa. Tu puedes estar cerca a el fisicamente, pero hay una separación espiritual que es inmensa. Algo semejante puede ocurir en nuestra relación con Dios. Puedo estar pensando tanto en mi mismo, en disfrutar de todo momento que me puedo olvidar de El, no reconocer el mismo ser de Dios. Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca.
Jesús nos dice algo semejante en la parábola de los trabajadores de la viña. Ellos estabán satisfechos con su sueldo, solo que nadie ganara igual por menos trabajo. Se llama la envidia. Puedo considerarme una persona bendicido, aun favorecido por Dios. Pero una vez tenía envidia de un hombre que poseía cosas que yo anhelaba tener. Un día el hombre que yo envidiaba se me acercó. Con lagrimas en sus ojos me contó las tristezas de su vida. Cuando terminó me dijo, "Padre, yo siempre he envidiado a Ud." La envidia puede hacernos ciegos. Es lo que pasó con los primeros trabajadores de la viña. Jesús no nos promete una justicia según nuestros criterios.
El Venerable John Newman nos da esta explicación de la parábola: La única cosa que importa al final del día es si estamos en la viña o no. La pregunta, dice Newman, es: ¿Estás en la Iglesia o no? El libro de Revelación nos asegura que al final la única cosa que durará es Jesús unido con su novia la Iglesia. Todos las otras cosas son como un sueño que muere al amanecer el nuevo día. Cierto que hay sueños legítimos pero tenemos que ponerlos en perspectiva. Algunos tienen miedo que el mundo va a acabar en el año dos mil. Dicen, "no puede ser porque todavía no tengo mi nueva casa, o no he graduado de la universidad, o no he tenido mi primer hijo." Todos estos sueños son lindos, buenos, pero tenemos que medirlo según la eternidad. Ahora estamos como hombres caminando en el sueño. Pronto nos vamos a despertar. Lo que importa es nuestra relación con el Señor. ¿Estoy en su viña, la iglesia católica, o no? Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca.
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