En la entrada de nuestra iglesia se ve estas palabras: "Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, reprender y educar en una vida de rectitud." (2 Tim 3:16) Es lo que hemos escuchado en la segunda lectura de hoy. El párroco de Sagrada Familia, el Monseñor McGrath, puso ese versículo en la pared en el año 1953. Si alguien le dice que la Iglesia Católica ha escondido la Biblia de sus filigreses, por favor, muestrele este letrero de nuestro templo. Por supuesto, la Biblia siempre ha sido una parte esencial de nuestra liturgia, arte y oración. En los padres de la iglesia, los papas y concilios se puede encontrar muchas exhortaciones al católico a conocer la Palabra de Dios.
Seguro que hemos visto algunos avances en promover la Biblia desde el Concilio Vaticano Segundo (1963-65). El más importante es lo que tengo en mis manos en este momento--el leccionario dominical. Ahora seguimos un ciclo de tres años durante lo cual leemos casi todo de los cuatro evangelios, las cartas, los hechos de los apóstoles y partes significantes de todos los libros del antiguo testamento. Si alguien escucha bien, bebería profundamente de la Palabra de Dios.
Sin embargo hay algo importante para notar. San Pablo aclara que nuestra meta no es solamente aprender las Escrituras como uno puede aprender por ejemplo Don Quijote. Al contrario el menciona tres usos de la Biblia: enseñar, reprender y educar en una vida de rectitud. Enseñar es conducir de la oscuridad. Nuestras mentes están bien oscuras a causa de la sociedad de consumismo en que vivimos. Hay personas que viven para hacer compras. Son esclavos de las tiendas. La Biblia que siempre habla desde el punto de vista de la eternidad puede liberarnos de tal esclavitud.
El segundo propósito de la Biblia es reprender (que significa corregir). La Biblia llama las cosas tan como son. Una mentira es una mentira. Un pecado es un pecado. Como alguien dijo, los autores de la Biblia no tenían pelo en la lengua. Quizás alguna vez Ud. ha buscada una respuesta de la Biblia y la abrió al azar. Y de repente un versículo le pegó como un bloque de cemento. Eso sucedió a San Agustín cuando estaba solo en un jardín, escuchó una voz de niño que dijo "tolle et legge," o sea "toma y lee." Abrió la Biblia a la Carta a los Romanos 13:13, "No andemos en borracheras y banquetes ruidosos, ni en inmoralidades y vicios, ni en discordias y envidias. Al contrario, revístanse ustedes del Señor Jesucristo como de una armadura, y no busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana." Cuando leyó ese versículo, cambió su vida y llegó a ser uno de los maestros más grandes de la historia cristiana. La Biblia tiene poder para reprender y corregir.
Finalmente la Biblia educa en una vida de rectitud. Cuando hice un retiro (ejercicios espirituales) de trienta días, aprendí una linda manera de usar la Biblia para rezar. Tomar un solo versículo y pasa una media horo o una hora entera saboreandolo. Un versículo que el director espiritual me asignó para varias meditaciones fue, "Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza." (29:11) Claro que estas palabras tienen su contexto histórico, pero lo que más nos importa es lo que Dios quiere hablar a ti y a mi en este momento. La Biblia educa en la vida de rectitud o como dice San Pablo, prepara al hombre para hacer toda clase de bien.
Cuando San Pablo habla de la inspiración de la Biblia, la une con lo que nosotros los católicos llamamos la Tradición. En los versículos anteriores dice a Timoteo, "Tu, sigue firme en todo aquello que aprendiste..." (2 Tim 3:14) Refiere a las verdades entregadas (traditio) por la palabra hablada. A veces algunos piensan que hay una contradición entre las escrituras y la tradición oral. No es cierto. Jesús enseñó por boca. Sus discípulos también enseñaron oralmente. El Nuevo Testamento es fruto escrito de la tradición oral--y aquella tradición sigue hasta hoy día. Cuando los obispos y el santo padre nos instruyen, no es que dicen cosas que no están en la Biblia sino que a veces tienen que aclarar la enseñanza de las escrituras. Se llama Tradición o Magisterio de la Iglesia.
Pues, he pasado la mayor parte de la homilia este domingo explicando los usos de la Biblia y su relación a la Tradición de la Iglesia. Quiero también decir algo sobre el Evangelio donde Jesús habla de la perseverancia en la oración, la importancia de no perder el ánimo. Estoy pensando en una imagen que veré cuando me voy al Perú esta semana. Se llama El Señor de los Milagros. En 1651 un esclavo pintó sobre un muro un retrato de Jesús crucificado. El 13 de noviembre de 1655, hubo un terremoto que destruyó gran parte de de la ciudad de Lima, pero no tocó la imagen. Había más y más devoción popular hasta que las autoridades tenían miedo de una insurreción de los esclavos. Setiembre de 1671, el Virrey dio la orden de borrar la imagen. Envió dos hombres para cubrirla con pintura blanca. Levantaron las brochas pero algo les impidió. Poco a poco, el Señor de los Milagros ganó la aceptación de todo el pueblo de Lima.
Como indica su título, la imagen ha sido fuente de muchos milagros. Recien, un muchacho de 4 años llamado Leonardo Carmelino cayó del segundo piso y sufrió una concusión severa al cerebro. Los médicos le dijeron a su mamá que no había posibilidad de sobrevivir. Pero ello, como la viuda importuna en el Evangelio, no perdió el ánimo. Fue ante el Señor de los Milagros y rezó por su hijo prometiendo que si su hijo se recuperara que ella y toda la familia se dedicarían a su servicio. Cuando llegó a la casa, descubrió que Leonarda se había recuperado competamente. Hasta hoy día la familia Carmelino se ha dedicado al Señor de los Milagros.
El mensaje para nosotros es claro: No perder el ánimo. Y no solamente para algún beneficio en esta vida sino para lo que San Pablo describe--la vida eterna con Jesús mismo.
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