Hoy es el domingo 34 del tiempo ordinario, último del año litúrgico. (El próximo es el primero de adviento.) Por eso es la culminación del año litúrgico y celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Los que conocen la historia de la iglesia en México, saben la importancia de este día. Durante la persecución de la Iglesia, los que fueron matados, antes de ser fusilados, gritaron, "Viva Cristo Rey."
Cristo realmente es el único rey. Claro que tenemos que respetar el gobierno y toda autoridad legítima, pero la autoridad máxima para nosotros es Jesús.
En los ejercicios espirituales de San Ignacio, que es un retiro de cuatro semanas, la meditación central es sobre los dos estandartes. Por un lado la bandera de Cristo Rey, por el otro, la de Satanás. El diablo ofrece comodidad, placeres ilegítimos, ganancia facil . Cristo nos ofrece sacrificio, entrega, la cruz. Tenemos que escoger entre las dos banderas. Los que marchan bajo la bandera de Satanás llegan al infierno, como Jesús hace muy claro el evangelio de hoy, es un lugar de separación y sufrimiento eterno. Pero seguir la bandera de Jesús nos lleva a la vida, la felicidad verdadera.
No hay que equivocarnos. Si estamos con Cristo Rey, no vamos a estar con los poderosos, los ricos, la gente buena de este mundo, sino los pobres y humildes. Cristo cuando se revela como Rey, dice, tuve hambre y me diste a comer, estuvo forastero y me recibiste, enfermo y encarcelado y me visitaste. Lo que haces a mi hermano más pequeño, lo haces para mí.
El 11 de noviembre celebramos el memorial de San Martín de Tours (no el gran santo de Lima, San Martín de Porres sino el soldado romano). El andaba un día en su caballo y encontró un mendigo. El hombre triste temblaba del frío. Martín se quitó su capa y con la espada, la dividió en dos. Aquella tuvo un sueño. Jesús mismo se le acercó y llevaba la misma capa que había dado al mendigo. Se dió cuenta de la presencia de Jesús en el pobre. Dejó de ser soldado, se dedicó a la oración. Llegó a ser sacerdote y finalmente obispo de Tours en lo que ahora es Francia.
El ejemplo de San Martín es obvio para nosotros. Lo que Jesús nos dice hoy es que si quieres salvarse, ir al cielo, no es suficiente solamente observar los diez mandamientos, al menos en un sentido negativo, de evitar el daño a la otra persona. Los que Jesús condenó al infierno, no hicieron ningún daño a nadie. La verdad es que no hiceron nada y por eso fueron castigados eternamente. Jesús quiere que hacemos algo. Dar un vaso de agua, un pedazo de pan, conversar con el forastero, visitar al enfermo, el encarcelado.