Durante el tiempo de adviento, estos cuatro domingos antes de la Navidad, leimos especialmente del libro del profeta Isaias. Tiene palabras duras de castigo para el pueblo pecador e injusto. Profetizó la destrucción de Jerusalén y el destierro en Babilonia.
Pero hoy con capitulo 40 su mensaje cambia. En vez de castigo habla de consuelo. Consuelen, consuelen a mi pueblo. Hablen al corazón de Jerusalen. Diganle que ha pagado su culpa, ha recibido ya doble castigo por sus pecados.
Creo que es un mensaje que todos necesitamos. Dios quiere consolarnos, perdonarnos, darnos un nuevo horizonte. Quizás por ser sacerdote encuentro muchas personas en crisis, que ha llegado a su limite, piensan que no pueden aguantar más. El mensaje de Dios muchas veces es consuelo, animo, nueva esperanza.
Me acuerdo una familia en el Perú. Les visité porque la mamá estaba muriendo de cancer. El papá tenía problema con el alcohol, pero había dejado de tomar para volver a su familia. Había dos hijos, uno de cinco o seis años, la otra de nueve o diez. Su nombre: Esperanza. No es solamente su nombre sino también sus ojos, su sonrisa que cuando pienso en seguir adelante en medio de una situación dura, pienso en Esperanza Maquera, la niña que perdió su mamá, pero siguió adelante.
El amor de Dios es nuestra esperanza, especialmente en un tiempo de crisis, cuando la situación parece dificil o imposible.
Tenemos que recordar que la esperanza es una virtud. Es un poder que viene de Dios mismo. No es que las cosas van bien y por eso tengo mucha esperanza. No, es precisamente cuando las cosas van mal que tenemos que rezar por el don de la esperanza. Alguien ha dicho que la verdadera esperanza cristiana existe solamente cuando la situación es desesperada.
La esperanza es base de toda la vida cristiana. Es tan importante que el arzobispo Flores de San Antonio ha dicho que el único pecado es la desesperación, perder la esperanza en Dios.
La esperanza requiere nuestro trabajo personal. Por eso, San Pedro dice en su segunda carta que hemos leido hoy. No hay que caer en la flojera. Sí, Dios demora un poco, pero para darnos tiempo para arrepentirnos. Pero vendrá como un ladrón.
Creo que todos estamos un poco desorientados por la noticia chocante de lunes. Que nuestro arzobispo Murphy ha sido hospitalizado con leucemia y problemas de los riñones. Un hombre tan activo y dinamico, ahora en una cama de un hospital. Realmente no sabemos que va a pasar mañana. El arzobispo nos ha dado el ejemplo de usar todos los días al máximo.
No es que estamos diciendo que no hay esperanzas para el arzobispo. Uno de los periódicos locales, el Seattle Times, anunció "los zapatos del arzobispo serán dificiles de llenar." Monseñor Murphy vió el titular y dijo al canciller, el P. Thomas, "dile al Seattle Times que los zapatos del obispo todavía están llenos." El arzobispo es un hombre de buen humor que sabe vivir un día a la vez.
Hay algunos que se ponen flojos porque piensan que un hombre no puede hacer ninguna diferencia. Incluso dicen que el hombre mismo no es nada. Que en comparación con los cielos es tan pequeño. Pero San Pedro dice que los cielos se disolverán. La tierra quedará consumida. Pero cuando se apague la estrella más brillante y las ciudades de la tierra son polvo, el ser humano seguirá. Tu y yo tenemos un destino eterno. ¿Como debemos vivir considerando el juicio que espera a cada uno de nosotros?
Pues, hermanos, reflexionando sobre nuestro destino perdurable, quiero invitarles a una nueva vida ahora. Lo que Juan el bautizador llama el bautismo en el Espritu santo. No es nada tan misterio como imaginan nuestros hermanos evangelicos. El evangelio de hoy indica claramente que el primer paso para recibir la nueva vida es confesarse los pecados. Antes de ser bautizados en el rio Jordan, se confesaban los pecados.
Tenemos esta oportunidad para recibir el sacramento de confesión…
Algunos dicen, no me gusta confesarme porque siempre tengo los mismos pecados, año tras año. Pues, confesarnos es parte de la humildad delante de Dios. Pero al mismo tiempo no volvernos viejos, sin la expectativa que Dios puede hacer algo nuevo.
El santo padre a pesar de su edad tiene este espiritu de esperar algo nuevo de Dios. Habla mucho del significado del año 2000. Nos pide prepararnos como Iglesia para el nuevo milenio. Realmente nos faltan solamente tres años. El Santo Padre nos da este plan: para el próximo año 1997 dedicarnos al estudio de Jesucristo y el misterio de la Redención. En 1998 al Espiritu Santo que es el alma de la Iglesia. Y en el último año del este milenio a Dios Padre, el creador del universo.
Dios Padre, Jesucristo, el Espritu santo. La santisima Trinidad. Sumergirnos en este misterio es realmente recibir un segundo bautismo, la nueva vida, la nueva esperanza que solamente Dios puede ofrecernos.