Esta semana en el servicio de adviento para los sacerdotes de la arquidiocesis, tuvimos algo especial. Habia hecho un video del arzobispo desde su cama del hospital. Para todos nosotros los sacerdotes fue muy emocionante escuchar las palabras de nuestro arzobispo Murphy. Habló abiertamente de su enfermedad que es muy seria. Pero al mismo tiempo nos conversó sobre la esperanza y alegría de adviento.
Para mí el arzobispo representa el tema de este domingo, que se en latin "gaudete" o sea alégrate. Hemos prendido la tercera vela de nuestra corona que tiene el color rosado, el color de alegría. Y hemos escuchado las palabras de San Pablo. "Estén siempre alegres."
La pregunta logica es "como es posible siempre estar alegre." Estoy alegre de vez en cuando, especialmente cuando las cosas me van bien, pero reconociendo todos los problemas, los sufrimientos, los engaños de esta vida, no es poco engenuo estar siempre alegre. Algunos piensan que esto es un optimismo falso como el hombre que se lanzó del décimo piso de un edificio. Cuando estaba pasado la ventana del quinto piso, dijo, pues hasta aquí estoy bien.
Cuando hablamos de la alegría cristiana no estamos pensando en el optimismo falso. Es una alegría que reconoce incluso los problemas más severos de la vida. Además del arzobispo, puedo dar el ejemplo de mi mismo papá. Cuando lo llevamos al hospital por última vez, mi mamá, mi hermana y yo estabamos a su lado cuando la doctora le dio la noticia que iba a morir dentro de pocos dias. Mi mamá, mi hermana y yo estabamos llorando, pero mi hermana miró a mi papá y nos dijo, mira, papá está sonriendo. A pesar de su enfermedad, a pesar de estar cerca la muerte (o quizás a causa de ella) mi papá estaba alegre. Es una alegría que nadie se puede quitar.
San Pablo nos dice hoy "estén siempre alegres." No nos dice, esten alegres si todo va bien. Pero es un mandato, alegrense siempre. En toda ocasión den gracias a Dios. Pablo mismo había sufrido golpes, enfermedades, pobreza y rechazos duros. Pero dice, en toda ocación den gracias a Dios. Tenemos que admitir, la alegría es un desafio para nosotros. Quizas especialmente durante este tiempo del año. Los sicologos nos dicen que es precisamente durante las festividades navideñas que hay más suicidios, más depresión, más peleas familiares que cualquier tiempo del año. Por todo lado se habla del gozo de Navidad, pero hay muchos que dicen, no me siento muy alegre.
Incluso hay algunos que dicen, pues padre, Ud. no entiende, mi vida es triste. Mis hijos son muy ingratos. Nunca me visitan. Tengo el derecho de estar triste! Pero si alguien tiene el derecho de estar triste es nuestro arzobispo. Había tenido tantos planes y ahora está en hospital con leucemia. Es un ejemplo de alegrarse a pesar de las tristezas de la vida.
Pues, no les voy a decir forzar una alegría falsa. No es cuestión de fingir. Los problemas de la vida son reales y tenemos que enfrentarlos. Pero hay un nivel en que podemos tener una esperanza, una alegría profunda, como la sonrisa de mi papá.
Para tener la alegria verdadera necesitamos descubrir nuestra propia identidad. Como San Juan, cuando le preguntaron "Quien eres tu?" Les dijo, no soy el Cristo. Tampoco rechazó los titulos de Elias y el Profeta porque no son tan importantes. Lo que le importa es su relación con Jesús. Soy el que prepara el camino del Señor. La persona que descubre su identidad en Jesús tiene una alegría bien profunda.
San Pablo no dice que la alegría es una opción. Al contrario, es un mandato, estén siempre alegres. En toda ocación den gracias a Dios. En toda ocación, no solamente cuando las cosas vayan bien. Para ponerlo más claro, podemos decir que la alegría es un mandamiento y la tristeza es un pecado. Luchamos contra los malos pensamientos de impureza y rencor. También tenemos que rechazar los malos pensamientos de tristeza. La persona triste multiplica sus tristezas porque nadie quiere acercarse a ella. Hay personas que están tristes porque sus hijos nunca las visitan. A veces quiero gritar, Olvidate de tus hijos, busca una alegría en tu propio corazón y los hijos volverán por su propia cuenta. Jesús dice, al que tiene recibira más, pero al que no tiene perderá aún lo poco que tiene. Esto aplica a la alegría. Si rechazamos la tristeza y buscamos la alegría que solamente Dios nos puede dar, al final tendremos todas las otras cosas buenas, familia, amigos verdaderos, etcetera.
Hemos celebrado en estos días la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Ella vino a Juan Diego con este mensaje, Soy tu madre. Tu eres mi hijo, el más pequeño. O sea el más querido. Y le encargó con la misión de ir al obispo para que construyera un templo donde todos sus hijos pudieron acudir con sus tristezas, penas y angustias.
Un motivo importante de alegría para nosotros es la presencia de la siempre Virgen María de Guadalupe. Tiene una cierta gloria, está vestida del sol, con la luna a sus pies. Y dentro de ella es su Hijo. Ella debe de estar dentro de nuestros ojos durante estos días antes de la Navidad. De hecho, la vamos a acompañar el las Posadas, el buscar alojamiento.
Muchos recazaron a José y María y a su Hijo por nacer. Pero el desafío de estos días es darles alojamiento en nuestros hogares, en nuestros corazones. Así experimentaremos la verdadera alegría que nadie nos puede quitar.