VERSIONES 19
Año del Tigre - Abril/Mayo de 1998
Director, editor y operador: Diego Martínez Lora.
Versiones se elabora desde la ciudad de Vila Nova de Gaia, Portugal
Teoría del arte
Me surgió de repente la necesidad obsesiva de comprarte un cuadro, pero me lo tienes que pintar a partir de mañana muy temprano. Ni bien te despiertes, báñate como te es habitual. Interrumpe de manera súbita el desayuno por la mitad y llámame. Yo vendré inmediatamente. Abrirás la puerta sin dar ningún paso, me saludarás con timidez, pero no podrás controlar tu emoción.
Estoy aquí. Reconoces que estás excitado. Te provoca matarte de alegría. Estás muy eufórico. Te calmo con uno de mis brazos calentándote el pecho. Piensa en la pintura. Utiliza el material que te sea más conveniente. No me importa que sea en lienzo, cartulina, cartón, papel, seda, madera. Pinta con óleo, acrílico, pastel, acuarela, témpera me es igual. Te pagaré por centímetro cuadrado. Quisiera que les dieses color y forma a todos aquellos sentimientos que mi persona te depara. No finjas y expresa plenamente lo que sientas. Intenta sólo concentrar todas tus capacidades creativas en mí. Tu brazo traduce la energía en movimientos musicales. Tu mano emite el más exacto reproductor de imágenes. Tus dedos obedecen precisos y desde el inicio en cualquier parte del cuadro esa primera mancha ya evoca una parte inequívoca de mi espíritu. Vas por buen camino. Estás produciendo lo que siempre había imaginado. Siéntome proyectada en tus trazos, en tus vacilaciones, en tus certeras asociaciones. Voy a pasearme varias veces rodeándote con mi presencia mientras estés pintando. Quiero abrir tus sentidos como un arco iris que aparece en medio de la neblina. Recepcionas cada onda que se me escapa. Transfomas en expresión el mínimo indicio de mi individualidad. Huéleme bien. Toca mi piel como si fueras un ciego desesperado por tener una idea cabal de mi persona. Siente mi aliento, mi temperatura. Hazte una idea de todo el interior de mi organismo. Refriega tu nariz en cada comisura de mi anatomía. No tengas escrúpulos. Aspira mi alma hasta que quepa toda en ti. Utiliza tu boca. Gime. No te reprimas. Refréscate en la geografía de mi tórax. Mímate con las partes más suaves y tiernas de mi extenso regazo. Te daré un beso, dos, tres. Tu lengua inquieta me rapta como un camaleón poseído por la gula. Me hago pequeña. Entro en tus entrañas. Grito sordamente para despertarte. Salgo por las niñas de tus ojos. Me vuelvo de tu tamaño. Te abrazaré suave, moderada, salvajemente. Basta. No, no intimaré más. Tranquilízate. Respira desde lo más hondo de tus pulmones. Tira el aire por la boca. Escucha bien, quiero que me pintes, no que me hagas el amor. Necesito de esa energía que brota de tu carne y de tu espíritu. Te iré diciendo los múltiples y diversos adjetivos que recibí durante mi vida entera. Te mostraré mis alegres reacciones, los ocultos gestos e inusitadas miradas. Te revelaré mi estado contemplativo, mi vasta melancolía. Te confesaré mis intrincados y frecuentes sueños, mis delirios nocturnos. Te enumeraré mis constantes tentaciones con nombres propios, lugares y tiempos. No te sorprendas, no te quedes estático, no dejes de pintar con el pincel, con la mano, con la espátula, con lo que quieras. Me subiré a ti lentamente como una planta parásita, como una ameba que va creciendo desproporcionadamente y te va cubriendo por dentro y por fuera. Siente mi peso en quilos, en angustias, en desvelos, en ternura, en felicidades. Me pararé sobre tus hombros, saltaré sobre tu vientre. Te arañaré la espalda dejándote rastros indescifrables de mi estar-aquí. Me meteré en la raíz de todos tus cabellos como una ducha helada para rejuvenecerte. Te detienes contemplando tu obra lúcido. Suspiras. Te avientas sobre las formas que creaste. Te extiendes para recibirme en un esfuerzo descomunal. Te desmaterializas. Estoy todavía allí, a tu lado. Sientes placer. No sabes de qué parte te sale. Nunca tuviste una experiencia similar. Te abrazo nuevamente con todo mi ser. Me pintaré el cuerpo con los mismos colores que te estás expresando. Estaré más desnuda e indefensa que nunca, sumergida en tu mente. No te soltaré la mano izquierda. Me dividiré en tus dedos. Te besaré otra vez desde tus pies. Reptaré tu abdomen. Sientes un cosquilleo. Mi lengua áspera raspará tu cuello. El calor interior se intensifica. Sudas. Me resbalo. Por más que me agarro a ti estás muy escurridizo. Me estoy quedando fuera de tu espacio. Mis uñas tratan inútilmente de engancharse de cualquier subterfugio de tu piel. No pronuncias ni una sola palabra. Un dolor infinito y un placer inconmensurable sentimos los dos al mismo tiempo. Sabes que ya no estoy a tu lado. Ves una sombra huidiza que se metió en el cuadro como un punto final. Terminas firmando con el pincel en negro.
Qué cansado te veo, qué feliz. Ocho mil centímetros cuadrados de mí te dejan dormido como un ángel, sin memoria, ni pecado. V
(*)Este cuento forma parte del libro inédito Entredientes
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