EN
TORNO AL CONCEPTO DE EVOLUCIÓN*
Por
el Prof. Juan Carlos Ossandón Valdés
III. LA ESPECIE
El
título del famoso libro de Darwin era: "El origen
de las especies". Hoy
día la teoría que se supone defiende tal libro es llamada: Evolución de
las especies; por lo que, habiendo visto qué significa el término evolución,
nos resta averiguar qué queremos decir con el vocablo "especie". Species
significaba primitivamente: mirada, vista, golpe de vista. Parece que Cicerón
usó este término para traducir el griego ειδοζ . Se
trata, obviamente, de la idea platónica que dará origen a las famosas species
impressa y species expressa de la escolástica. No es éste el sentido que
ha heredado la biología actual. Como todos sabemos, Aristóteles negará la
existencia extra‑mundana de las ideas platónicas y las incorporará como
forma a los entes corpóreos. De aquí brota un concepto de especie que reúne a
todos los seres vivos que realizan una misma forma sustancial. Este sentido es
muy próximo al usado hoy por las ciencias y es el que prevalecía en la biología
anterior a Darwin. Linneo procura clasificar estas especies. Sin embargo, "todavía hoy, un siglo después de Darwin, el problema de las especies permanece sometido a mucho estudio activo y a una viva controversia". [27]La pregunta, sin embargo, es muy simple: ¿existen especies? Dado que evolucionan, es necesario que existan; de otro modo, la teoría se reduciría a explicar el origen de alguna cosa que no existe.[ 28]
En
Platón y en Aristóteles no hay problema con el concepto pero se trata de una
noción filosófica. Tal vez, por ello mismo, los científicos se enfrentan con
problemas insolubles cuando lo abordan. Ya Buffon llegó a la conclusión de que no existen especies definidas con precisión, que la naturaleza simplemente no se presta a estas divisiones que los científicos le imponen. En verdad, en la naturaleza sólo hay individuos, y los géneros, órdenes, clases, "sólo existen en nuestra imaginación".[ 29]Lo curioso es que el mismo Buffon afirmará en otro lugar que sólo existen las especies, el individuo es nada. Nos dice Gilson que todos los clasificadores de los siglos XVII y XVIII pensaban que mientras más individuos se conocen, menos especies se encuentran.[ 30] Tal será el caso del mismo Lamarck: "Largo tiempo he pensado que había especies constantes en la naturaleza y que estaban constituidas por individuos que pertenecían a cada una de ellas. Ahora estoy convencido de que estaba en el error en este asunto y que en la naturaleza no hay más que individuos".[31]
A
Darwin le ocurrirá lo mismo y confesará paladinamente la imposibilidad de
distinguir una especie de una variedad y los terribles problemas que enfrentan
los clasificadores, hasta el extremo de que "El término
especie llega, así, a no ser más que una abstracción mental inútil que
implica y requiere un acto de creación distinto".
Se
impone, pues, aclarar el concepto para saber de qué buscamos el origen y cómo
evoluciona. Los autores modernos recuerdan que se ha clasificado ya más de un
millón de especies animales, por lo que es preciso reconocer su existencia por
misteriosa que nos resulte. A la hora de definirla, las oscilaciones son
notables. Uno de los estudiosos del tema que he podido consultar nos da varias pinceladas para que podamos construir un concepto más o menos bien delineado. La primera nota que nos proporciona es que las especies son "comunidades de reproducción". Pero estas comunidades son genéticamente cerradas, es decir, no permiten una reproducción con miembros de otra especie. Por ello es imposible hablar de especie allí donde falta reproducción sexual. Finalmente, nos asegura, son procesos especiales de adaptación lo que da origen a las especies, por lo que podemos considerarlas como adaptaciones especialmente bien logradas.[ 32]
Podemos
observar que no se hace mención en este estudio de las características
formales que unen a los miembros de una misma especie, que era, en el fondo, lo
que se recibía de Aristóteles, y que todo ha sido reducido a una característica
exterior al animal mismo. Lo grave de esta reducción es que hace ininteligible
hablar de especie allí donde no hay reproducción, lo que deja fuera a todo el
mundo unicelular, tanto de animales como de vegetales. Hasta tal punto nos falta un criterio simple de clasificación, que este mismo autor nos dice que "el número de categorías de clasificación es indefinido y arbitrario".[ 33] Como la especie es una de esas categorías, tendríamos que son arbitrarias. Y debe ser así, ya que "se ha descubierto un número cada vez mayor de casos en los que resulta difícil o imposible decir si dos poblaciones constituyen especies distintas o bien razas de la misma especie”,[34] de tal modo que "la denominabilidad de las especies es una concesión a nuestras costumbres y a los mecanismos neurológicos" cuando se trata de reproducción asexual de cualquier tipo.[35]
Tal
vez el caso de Dobhansky sea extremo. Pero similar es el concepto de Simpson, de
De Candolle, de Calman, etc.[36]
Algunos de ellos agregan la noción de parentesco, que se deduce de la
aseveración de que todos los miembros de una misma especie descienden de un único
antepasado. Pero si la evolución es real, tal hipótesis sería común a todos
los seres vivos, y todos constituirían una sola especie. Otros añaden la de la
semejanza entre los miembros de una especie, mayor que la que tendrían con un
miembro de cualquier otra. Tal concepto nos recuerda poderosamente a Aristóteles,
para quien la forma común era reconocida por semejanzas fundamentales,
esenciales, que producirían una identidad esencial entre todos los miembros de
ella. Por desgracia es tal la cantidad de detalles que atraen la atención del
biólogo, y tales las diferencias entre los individuos, que muchos
clasificadores se sienten sobrepasados por la complejidad de lo real y renuncian
a este criterio.
Por
todo lo cual resulta sorprendente escuchar al mismo Dobhansky, y a muchos otros
biólogos, que lo único seguro es la existencia de las especies y que éstas
son las que desde siempre el sentido común de los campesinos ha identificado
como tales.[37]
Todas las demás categorías de la clasificación son arbitrarias; las especies,
en cambio, son naturales y están separadas unas de otras por fronteras
infranqueables hasta el extremo de no haber intermedios. Cada especie está
separada de otra por una laguna biológica, lo que se explica porque cada una de
ellas sería una cima adaptativa separada de la otra por un valle adaptativo. En
otras palabras, sólo las especies que existen en este momento son viables, y
los seres intermedios no existen simplemente porque no les sería posible vivir.[38]
Sin darse cuenta, Dobhansky ha echado por tierra una de las ideas más caras de
Darwin: la evolución es un lento proceso en que variaciones imperceptibles se
van sumando año a año hasta hacer emerger una nueva especie. Esta idea era
importantísima porque era la respuesta que siempre daban los evolucionistas a
los que, con cierta inquietud, preguntan: ¿Por qué jamás se ha visto aparecer
una nueva especie?
De
hecho, las especies descritas por Aristóteles hace 2.400 años, no han
evolucionado nada. El profesor Haldane ha señalado que algunos caracteres, como
la longitud de los huesos, "no
muestran cambios evolutivos apreciables en la mayoría de las especies en diez
mil años".[39]
Para colmo, otro biólogo nos advierte: "las
partes del cerebro, filogenéticamente
antiguas, en oposición al neo‑cortex, han cambiado muy poco en los últimos
cincuenta millones de años de evolución de los mamíferos".[40]
La
existencia de híbridos plantea problemas muy difíciles a esta idea de la
separación genética de las especies. Según esto, sería posible que las
especies no fuesen las que hoy consideramos tales, sino los géneros, o,
incluso, las familias. Es cierto que la mayoría de los híbridos son estériles,
pero los hay fecundos y, lo que es aún más sorprendente, suelen tener hijos
que retornan a la especie primitiva. Además se produce un curioso fenómeno de
fecundidad a través de una especie intermedia.[41]
Éstos y otros fenómenos análogos hacen que nos llenemos de dudas respecto de
la certeza que respaldaría a las especies en detrimento de las demás categorías
de la clasificación biológica.
Gilson,
una vez más, echa de menos un buen curso de historia de la filosofía medieval
donde se estudie el famoso problema de los universales. Frente a las
perplejidades en que se hallan los mejores científicos de la actualidad, nos
recuerda las perplejidades de los filósofos antiguos:
Da la impresión de que nuestros biólogos, entre Platón y Aristóteles, al no saber qué partido tomar, adhieren a ambos. Porque es bueno recordar que el primero que sostuvo que sólo existen individuos en la naturaleza fue Aristóteles. Tampoco comprendemos que se favorezca tanto la existencia de la especie respecto del género, familia, etc. Si bien la reproducción es una buena señal entre los seres vivos actuales, a los paleontólogos tal criterio de nada les sirve, de modo que ellos desconocen si tratan con especies, con variedades, etc. [43] El mismo Darwin, nos dice: "considero que el término especie se ha dado arbitrariamente por motivos de conveniencia, para reunir en grupo de individuos que se asemejan íntimamente entre sí... El término variedad, a su vez, en comparación con las meras diferencias individuales, se aplica arbitrariamente por cuestión de conveniencia".[44]
Por
desgracia, tal vez haya que extender este raciocinio a todos los grados de la
clasificación animal y vegetal, con lo que el origen de las especies sería el
origen de una arbitrariedad. IV.
LA CAUSA
¿Por
qué evolucionan las especies en vez de quedarse quietas? Sea lo que sea una
especie, y sea lo que sea una evolución, es claro que se está hablando de un
cambio y este cambio requiere de una causa proporcionada. Desde el comienzo los
biólogos se han esforzado por hallarla y desentrañar su funcionamiento.
Comencemos
por Lamarck, que es señalado como el padre de la teoría moderna. Para este
autor, pues, son las circunstancias las que determinan y provocan todo el
proceso. "No son los órganos, esto es la naturaleza y la forma de las partes del cuerpo de un animal, lo que da lugar a sus costumbres; es su manera de vivir y las circunstancias en que se ha encontrado el individuo de que provienen lo que, con el tiempo, ha constituido la forma de su cuerpo". [45]
Las
circunstancias cambian, pero ellas no cambian al organismo del ser vivo; las
necesidades nuevas que experimenta en este nuevo ambiente es el motor que
impulsa al organismo a cambiar y desarrollar unas facultades y partes de que
carecía en la circunstancia anterior. Tenemos, entonces, que las costumbres
crean las necesidades, las que, ante un nuevo ambiente, obligan al ser vivo a
crear nuevas estructuras para poder satisfacerlas. Notemos que es la fuerza
interior del animal la verdadera causa de la creación de la nueva forma u órgano,
pero que ha sido impulsada a ello por la necesidad; la que, a su vez, fue
impelida por la circunstancia. Las nuevas formas se heredan y así, poco a poco,
de los seres simples que creó la naturaleza, llegamos, finalmente, a los
complejísimos seres actuales. Lamarck triunfa al presentarnos organismos atrofiados por falta de uso; sólo falta la otra mitad de su teoría: que el uso produzca un nuevo órgano. Cuvier (1769‑1832), en su elogio fúnebre, desnudó el punto flaco de su teoría: ¿cómo el ejercicio puede producir un órgano nuevo, el cual no puede ejercitarse sino después de haber sido producido? De aquí surgió el adagio falsamente atribuido a Lamarck: "la necesidad crea el órgano", pero que expresa bien el fondo de su pensamiento. [46]
Notemos
cómo es evolucionista el íntimo pensamiento de Lamarck, ya que es el impulso
interior lo principal en el proceso; sin embargo, las circunstancias juegan tal
papel que bien puede ser considerado transformista, como decíamos más arriba. Los científicos modernos suelen despachar a Lamarck con una simple frase: "hoy día se sabe que los caracteres adquiridos no se heredan" [47]; afirmación que herirá a más de una teoría además de la de Lamarck.
Digamos
que Spencer, el verdadero creador del evolucionismo, como vimos, es seguidor de
Lamarck en cuanto a la causa del proceso. En efecto, para él, todo proviene de
una causa interior que busca adaptarse a las circunstancias; como éstas
cambian, sus esfuerzos dan resultados distintos.
Darwin
está convencido de que la característica más sobresaliente de la vida es la
escasez. Así lo ha leído en Malthus y así lo cree. La naturaleza se defiende
produciendo una abundancia enorme de seres vivos, los que deberán combatir
entre sí por los escasos alimentos. Esto significará el triunfo de los más
perfectos, los mejor adaptados. Así, poco a poco, se van perfeccionando las
especies hasta que dan origen a otras nuevas. La prueba la tiene Darwin en las
maravillas logradas por la selección artificial en los criaderos de Inglaterra,
como el de su padre y que luego heredó este rico hacendado. A diferencia de Lamarck, cuya causa era más interna que externa, la de Darwin es más externa que interna. Al ser vivo lo considera como infinitamente plasmable y serán impulsos exteriores los que harán aparecer nuevos aspectos, y la selección natural, hija de la lucha por la existencia, dirigirá el proceso. Para él toda la explicación de Lamarck es un absurdo y la de Spencer lo deja indiferente. En verdad nunca explica el origen absoluto de las especies, sino, supuesto que existan, quiere explicar por qué llegaron a ser lo que hoy en día son; vale decir, el origen del aspecto actual de ellas. [48] Mas, aparte de su constante comparación con la selección artificial, Darwin nunca profundizó la cuestión. Parece que creía en variaciones espontáneas que se irían sumando hasta producir una nueva especie.[49] Con lo que el éxito de su doctrina se debe exclusivamente a su filiación liberal. |
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