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Resumen histórico de la literatura vasca: Edad media, Renacimiento, Siglo XX

Literatura Vasca

Al hablar de literatura vasca, en lo que a texto escrito se refiere, el primer dato reseñable es su tardía aparición en relación con las demás literaturas de la Europa occidental. El pueblo vasco, de gran tradición literaria oral, no llegó a la publicación de su primer libro hasta 1545, es decir hasta la época renacentista.  

Literatura inicial y literatura de los siglos XVI y XVII

 Precisamente el arraigo de su tradición oral fue el que propició la conservación de las formas literarias medievales hasta su impresión escrita, casi siempre fragmentaria, en época más tardía. Gracias a este proceso, conocemos cantares medievales como el de Emilia de Lastur (Milia Lasturko), Alos Torrea, Batalla de Beotibar, La historia de Berterrech, Perutxo, Urrexola, Etxeandre de Urrutia etc.

 Cierto que podemos encontrar algún texto muy reducido anterior a 1545 (las inscripciones aquitanas o las dos frases en vascuence que aparecen en las Glosas Emilianenses en pleno siglo X, o algún breve vocabulario reflejado por los peregrinos Aimerich Picaud en el siglo XII, etc.), sin embargo, la primera obra que pudiéramos llamar literaria se imprimió en vascuence en 1545 y su autoría se debe a Mosén Bernat Detxepare. De ahí que Detxepare se proclamara así mismo como el iniciador de la literatura vasca y sintiera un gran orgullo por ello. El título aparece en latín: Linguae Vasconum Primitiae y comprende 16 poemas constituidos por 1.159 versos: tres personas de tema religioso, diez de tema erótico, uno que se refiere a su estancia en la prisión y por último dos que dedicó a elogiar el vascuence.  

El único ejemplar de Linguae Vasconum Primitiae está depositado en París. Fue escrito en el dialecto bajo-navarro y en uno de los versos animaba al euskera a difundirse por el mundo ("Euskara jalgi hadi mundura!") y a ser publicado: "Euskara/oaidano egon bahiz/Inprimatu bagerik/Hi engoitik ebiliren/mundo guzietarik" (Euskera, si hasta ahora has estado sin imprimir, en adelante has de viajar por todo el mundo).  A la hora de valorar la labor literaria de Detxepare no hay unanimidad entre los críticos: desde censuras que concluyen en que fue un gran poeta, hasta quienes opinan que el interés primordial de su obra reside en lo lingüístico y bibliográfico.  

 Posteriormente, y casi a un cuarto de siglo de distancia, encontramos otro nombre y otro título fundamental: Joannes de Leizarraga con Jesús Christ Gure Jaunaren Testamentu Berria.

 El País Vasco continental, patria tanto de Detxepare como de Leizarraga, había sufrido transformaciones destacables: la reina Juana de Albret (reina de Navarra, estando el reino reducido al Bearn y a Nafarroa Beherea) había renegado del catolicismo y públicamente había adoptado el calvinismo. La actitud de la reina y la problemática del momento, aproximó a la Reforma a algunos súbditos, entre los que encontramos al sacerdote católico Leizarraga, convertido al calvinismo. La visión del hombre y el mundo a los que responde Leizarraga van a ser, obviamente, distintos de los que motivaron a Detxepare.

 A solicitud de la reina, Leizarraga se empleó en la traducción al vascuence, entre otras cosas, del Nuevo Testamento, contando para ello con cuatro colaboradores. Pero las dificultades surgieron pronto. El libro se publicó en la Rochelle en 1571. En ese mismo año se publicaron sus dos otros libros religiosos (Kalendrera y Abc edo christinoen instructorea).

 Si bien Detxepare había sentado un precedente en materia de poesía, la prosa vasca no tenía tradición y Leizarraga carecía de modelo o guía. Agravando los problemas se le presentó la situación lingüística: el vascuence dividido en dialectos, subdialectos y multitud de variedades. ¿Qué forma utilizar? Dado que debía dirigirse a la mayoría de los vascos, optó por utilizar el dialecto labortano como base, pero tomando elementos tanto del bajo-navarro como del suletino. Con el mismo fin, y en lo que a morfología se refiere, retrocedió en el tiempo, asentándose en la idea de que cuanto más se remontara iba a encontrar un vascuence más unificado.

 Esta actitud es la que ocasiona el sabor arcaizante de su morfología, característica que no se puede extender a su léxico o sintaxis. La necesidad de traducir fielmente los textos sagrados le llevó a introducir muchos préstamos por una parte y, por otra, a servirse de la sintaxis románica derivada del latín. De esta manera Leizarraga abrió un nuevo camino literario al vascuence: la prosa.

 Pero la prosa vasca no iba a seguir por los derroteros de su iniciador. El calvinismo no cuajó y, tras el concilio de Trento, la prosa tomaría nuevos rumbos e impulsos de la escuela de Sara en la que destacaría Axular. 

La escuela de Sara

 Aunque reducido al campo religioso, la escuela de Sara supuso un movimiento literario importante dentro del siglo XVII. En torno a ella se agruparon nombres como Maestre, Etxeberri Ziburuko (Neolak, 1631), Aramburu, Argaignaratz, Harizmendi, Povreau, etc., formando un círculo de autores que trabajó en estrecha colaboración.

 El lenguaje que utilizaban en sus obras era más bien populista, con lo que el intento de Laizarraga quedaba sin seguidores.

 Entre ellos, es obligado destacar a Axular con la obra Gero, bi partetan partitua eta berezia, que como dice en su prólogo, no la escribió para los letrados, pero tampoco para aquellos que no tuvieran ninguna instrucción. Axular nació en Urdazubi-Urdax (Nafarroa) pero ejerció de párroco en Sara (Lapurdi).

 Gero de Axular (Burdeos, 1643) es una obra ascética cuya originalidad ha sido debatida. Pero, si bien su temática tiene puntos comunes con el ascetismo cristiano, dentro del cual se enmarca su formulación literaria, posee una peculiaridad indiscutible actualmente.

 L. Mitxelena al referirse a su estilo dirá: "Abundante y con una ligera propensión a la elocuencia, la expresión es siempre precisa y ceñida a destacar la fuerza del razonamiento. No hay en Axular huellas de barroquismo, y sí más bien, aunque con mayor sobriedad, una cierta semejanza con la manera de Fray Luis de Granada"

 En el extremo oriental del País Vasco destacan las figuras no adscritas a la escuela de Sara: A. Oihenart y J. Tartas.

 Oiehenart, primer escritor no eclesiástico de la literatura vasca, destacó por dos obras: Notitia utriusque Vasconiae, tum Ibericae, tum aquitanicae, escrita en latín en la que trata de la historia de los vascos así como de la lengua vasca, y Les Proverbes Basques recueillis par le Sr. D'Oihenart, plus les poésies du mesme auteur. En realidad esta última obra comprende dos partes: Atsotitzac edo Refrauac y Oten gastaroa neurthizeatan con una primera parte más extensa, una colección de refranes, y una segunda que contiene poemas, la mayoría de carácter amatorio y en algún caso religioso. Aunque temáticamente se parece a Detxepare, sus logros literarios quedan distantes. Su estilo es purista y neologista, incluyendo la utilización de construcciones ciertamente difíciles.

 Un año antes de fallecer Oihenart, apareció el primer libro de J. Tartas, Onsa hilceco bidia. En él defendía que la mejor manera para lograr una buena muerte es recordarla constantemente durante la vida. Es un texto que encierra pasajes dignos de formar parte de una antología.  

Literatura del siglo XVII-XVIII

 Tras los autores mencionados, la literatura del País Vasco continental entró en crisis. El auge mantenido durante el siglo XVII declinaría y, a lo largo del siglo XVIII fue el País Vasco peninsular el verdadero protagonista en materia de literatura.

 Mientras la literatura florecía en el País Vasco continental, el peninsular se encontraba prácticamente sumergido en la esterilidad. Aparte de algún catecismo, lo único reseñable pudiera ser una colección de refranes del siglo XVI.

 Antes de hablar de la figura más descollante del siglo XVIII, haremos mención a dos obras teatrales: Acto para la Nochebuena de P.I. Barrutia y el Borracho burlado de F.X. Munibe. La primera es considerada como una de las mejores piezas del teatro vasco y la segunda es una ópera cómica en castellano y vascuence.

 Esa figura central a la que se ha hecho alusión es el P. Larramendi, apologista del vascuence, pero cuyas obras más importantes están escritas en castellano. De ahí que al hablar de literatura vasca se haga referencia a él permanentemente en cuanto impulsor de una nueva generación de escritores en lengua vasca, entre los que destacaron sobre todo A. Cardaberaz y S. Mendiburu, cuya producción se orientó especialmente al apostolado. El primero de ellos no está considerado como un brillante escritor, mientras el segundo ha sido apodado el "Cicerón Vascongado".  

 Si Cardaberaz y Mendiburu durante el siglo XVIII elevaron el dialecto guipuzcoano a lenguaje literario, en el XIX J.A. Morel y el P. Añibarro harían lo propio con el vizcaíno.

En el siglo XVIII el médico labortano Joannes Etcheberri (de Sara) solicitó la enseñanza del euskera en Lau Urdiri gomendiozko carta edo guthuna (1718) y presentó unos rudimentos sobre la lengua en Escuararen Hatsapenac. También en labortano clásico se emplearon los sacerdortes Joannes Haraneder, Bernard Larreguy y Andre Baratciart.

Literatura en el siglo XIX: hacia el renacimiento literario

En el País Vasco Continental, a pesar de las consecuencias en otros terrenos de la Revolución Francesa, la literatura se mantuvo sin mayores cambios con textos de sacerdotes como Martín Duhalde (meditaciones cristianas), Francisco Laphitz (biografías de santos), Michel Elissamburu (polemista antirrepublicano) y Jean Pierre Arbelbide. En la poesía Juan Martín Hiribarren ensalzó pasajes legendarios del pueblo vasco (Eskaldunac, 1853). Es preciso citar la labor de mecenazgo (aparte de sus estudios sobre la lengua vasca y su famoso mapa lingüístico) del príncipe francés Luis Luciano Bonaparte que respaldó algunos de los trabajos y publicaciones de Jean Duvoisin (primera traducción completa de la Biblia publicada en Londres en 1859), Manuel de Inchauspe y otros colaboradores.

En el País Vasco Peninsular prosiguió la literatura religiosa en el dialecto guipuzcoano con trabajos de Juan Bautista Aguirre, Jose Ignacio Guerrico y Francisco Ignacio de Lardizabal. En otras temáticas Juan Ignacio Iztueta dejó su aporte sobre el folklore vasco en Guipuzkoako dantza gogoangarrien condaira edo historia (1824). También comienza a conformarse el vizcaíno literario de la mano de religiosos como Agustín de Basterrechea (finales del XVIII), Juan Antonio de Moguel (Peru Abarka), Pedro Añibarro y Pedro Astarloa.

 A partir del último cuarto de siglo, se organizaron los Juegos Florales, tanto en el País Vasco continental como en el peninsular. Los del continental tuvieron como mecenas a Antoine d'Abbadie y los del peninsular a José Manterola. Algún crítico opinó que no se presentaron obras de gran calidad, pero lo cierto es que se propició un renacimiento de la vida cultural vasca. El mundillo culto se agrupó y desarrolló fundamentalmente en torno a las revistas (Euskal-Erria, publicada en Donostia-San Sebastián desde 1880, y en el País Vasco Continental Le Reveil Basque, republicana, y Escualduna, conservadora).  En la poesía alcanzaron fama las composiciones de Piarres Topet "Etchaun", del bardo José María Iparaguirre (autor del Gernikako Arbola y otros textos en defensa de los Fueros), Jean Baptiste Elissamburu (de excelente formación literaria) y Felipe Arrese Beitia. El teatro moderno comienza con Marcelino Soroa, autor de varias piezas escritas en los años 80 (Anton Caicu, Alcate Berriya). En lo que a la lengua como tal respecta, surgieron ya los planteamientos iniciales acerca de la necesidad de unificación del vascuence. 

La literatura vasca en el siglo XX (primeras décadas)

El empuje renacentista comenzado a finales del siglo XIX continuó en las tres primeras décadas del siglo XX. Se formaron asociaciones (Eusklatzaleen Biltzarra, Sociedad Euskaltzaleak) y aparecieron varias revistas (Revista Internacional de Estudios Vascos, Euskla Esnalea, Gure Herria....) Uno de los nuevos factores es el auge del nacionalismo vasco que demanda la recuperación del idioma vasco y una potenciación de su literatura, si bien en la práctica la lengua principal utilizada por sus dirigentes y en su propaganda fue el castellano.

El impulsor del nacionalismo, Sabino Arana, defendió un excesivo purismo del idioma que se observa en la parte de su obra no política. Otro hecho de singular importancia es la creación en 1919 de Euskaltzaindia-Academia de la Lengua Vasca, cuyo primer presidente fue el sacerdote Resurrección María de Azkue, autor prolífico en varios géneros.

La poesía siguió anclada en los esquemas florales de años anteriores, con poetas como Emeterio Arrese (Nere bidean, 1913, Txindor, 1928), Kepa Enbeita (Enbeita Oleskaria, 1966) y Pablo Zamarripa (Gora begira, 1927).

El teatro tuvo como autores principales a Toribio Alzaga (San Tomaseko Feriya, 1894, Bost urtian, 1922) que fue el director de la Academia de Declamación Vasca fundada en 1915, y Avelino Barriola (varios dramas).

La novela continuó sin pasar del estadio costumbrista y ruralista, siendo algunos novelistas José Manuel Echeita (Jayoterri maitia, 1910), Txomin Aguirre (Kresala, 1906, Garoa, 1912) y Jean Barbier (Piarres, 1926-29). Otros escritores de estas décadas fueron Evaristo de Bustinza "Kirikiño" (narraciones en dialecto vizcaíno en el diario Euzkadi y en revistas, recopiladas en los libros Abarrak y Bigarrengo Abarrak, 1918 y 1930), Jules Moulier "Oxobi" (poeta y fabulista, Alegiak de 1926), Gregorio de Muxika (narraciones sobre el personaje Pernando Amezketarra, 1927) y Jean Etchepare (Buruxkak, 1910 y Berebilez, 1930).

 Adentrándose en la primera mitad del siglo XX, encontramos como figura impulsora de las letras a José Ariztimuño, llamado Aitzol, organizador de certámenes "Días del euskera".  

Si bien los vestigios de la novela vasca aparecen en el siglo XIX con Peru Abarca, de Mogel, es Atheka Gaitzeko Oihartzunak, de Daskonagerre, la considerada como primera novela, a pesar de  haber sido escrita primero en francés bajo el título de Les échos du pas de Roland. En estos comienzos del siglo XX, la novela estuvo representada por Agirre. Éste en su Auñamendiko lorea, Kresala y Garoa fue reflejo de la marginación a la que había sido sometido el vascuence al no ser vehículo de cultura del habitante urbano vasco: idealización de vida fuera de las ciudades, pero que no responde a la realidad sociológica del País Vasco.

 La poesía vasca abrió horizontes totalmente nuevos: buscó una nueva arquitectura en la versificación, un mundo poético más elaborado. En torno a Aitzol surgiría una nueva generación, la llamada de los "olerkariak" (poetas), ya que se auto-denominaban así. Aitzol fue fusilado por los franquistas. Otros olerkaris destacables fueron Luis de Jauregi "Jautarkol", Esteban Urkiaga "Lauaxeta" (amigo de García Lorca y conocedor de la poesía modernista, autor de Bide Barrijak, 1931, y Arrtas-beran 1935, también ejecutado por los franquistas cuando presentaba un prometedor futuro literario) y Jose María Aguirre "Lizardi" (autor de una de las mejores obras de la lírica vasca, de aires renovadores, con los poemas recogidos en Biotz-Begietan, 1932).

 Destacaremos tres poetas como máximos representantes de aquél momento: Esteban Urkiaga, Lauaxeta; J.M. Agirre, Lizardi, y Nicolás Ormaetxea, Orixe.

 El primero fue autor de dos libros de poemas de gran belleza poética: Bide barrijak y Arrats-beran.

 Lauaxeta, apartándose de las pautas que marcaba la poesía vasca tradicional, no desdeñó las corrientes vigentes en Europa, sobre todo en Francia. Es el poeta que más  sistemáticamente ha tratado el tema del amor dentro de la literatura vasca.

 Lizardi, en opinión de algunos críticos, logró con su Biotz-begietan, la cima de la lírica vasca. Tenía un lenguaje poético personal, trataba de escapar del automatismo de la percepción y recrear la vida cotidiana, con él se pasa de una poesía discursiva a una poesía metafórica. Ese lenguaje elaborado, sintetizado, metafórico, le exigió unas técnicas nuevas, de ahí la preocupación formal que preside su obra, en la medida, en el ritmo, etc.

 Poeta impresionista, narrador e investigador meticuloso, tuvo presentes la belleza de las cosas, la brevedad de la vida, la fugacidad del tiempo, las ansias de infinitud del hombre sin olvidar su realidad social: las necesidades y lucha del pueblo vasco; en este sentido su "amona" parece elevarse como la muerte de este pueblo.  

Literatura tras la Guerra Civil (de los años 40 a los 60)

Tras la Guerra Civil (1936-39) la cultura y la lengua vascas afrontaron una situación crítica. Parte de la literatura durante las primeras décadas franquistas se fectuó y publicó en el exilio. Meritoria fue la labor de la Editorial EKIN en Argentina y las revista Eusko-Gogoa, editada inicialmente en Guatemala y Gernika, publicada en el País Vasco continental. En el sur a principios de los 50 obtuvo autorización para publicar en euskara la editorial Itxaropena y pudo aparecer la revista Egan. Más tarde vendrían Anaitasuna, Zeruko Argia, Jakin y otras más, vehículos de expresión de los literatos de la época.

 De la generación de postguerra sobresalió Nicolas Ormaetxea "Orixe". Orixe fue otro de los "olerkaris". Personaje muy controvertido entre sus contemporáneos; para unos es el mejor escritor vasco; otros lo han marginado totalmente. Probablemente, como ha señalado algún crítico, resulta ser el más importante de su tiempo, pero no el mejor. Autor del poema épico Euskaldunak en el que cimentándose en las técnicas del bersolarismo subraya el ritmo, no tanto la sílaba. Dentro de su extensa producción (traducciones, narraciones, etc.), cabe citar también Barne-muinetan, colección de poemas líricos, místicos, que ha sido considerada como su mejor obra.  

En el terreno de la poesía la reactivación se debió a Telesforo Monzón (consejero del Gobierno Vasco en el exilio, que publicó Urrundik en 1945 en México y Gudarien Egiñak en 1947, en Euskadi Norte).

  Tras la guerra de 1936, vino la llamada "generación de la continuidad". Casi todos los escritores escribieron desde el exilio y desde una perspectiva temática y estética continuadora de la que primaba en la preguerra civil. Surgió la psicosis de la muerte de un pueblo y la temática rondaba en torno a ella, siendo S. Mitxelena uno de los poetas más representativos de esta época (franciscano, autor de Arantzatzu: euskal-sinismenaren poema, 1949, único libro en vasco publicado en el Estado español durante los años 40, elaborando luego el ensayo Unamuno ta abendats, 1958). Nemesio Etxaniz (revista Egan y reproducido parcialmente en Lur berri billa, 1967), Jokin Zaitiegi (creador en Guatemala de la revista Eusko Gogoa, autor de Goldaketan, 1946 y traductor de los griegos clásicos) y Santiago Onaindia (Milla euskal-olerki eder, 1954, obra a la que siguieron obras recopiladas posteriormente en Olerki guztien bilduma, 1985).

El teatro tuvo como autores más señalados a Antonio María Labayen, Jacinto Carrasquedo, Pierre Lartzabal (autor vasco-continental que aportó obras como Bordatxuri, Hiru ziren, Matalaz publicadas en los 60) y Agustín Zubikarai (Itxasora, 1949, Seaska inguruan, 1956).

En la narrativa no hubo muchas novedades dadas las circunstancias. En este terreno se desempeñaron Juan Antonio Irazusta (Joañixio, 1944 y Bizia garratza da 1950, aparecidas en Puerto Rico y Argentina), Jose de Eizaguirre (Ekaitzpean, 1948), Jon Etxaide (Alos-torrea, 1950, Joanak-joan, 1955 y Gorrotoa lege, 1964), Eusebio Erkiaga (Arranegi, 1958 y Araibar zalduna, 1962), Jose Antonio Loidi (Amabost egun Urgain'en, 1955) y Martín Ugalde (exiliado en Venezuela editó IltzaIleak, 1961, relatos inspirados en la Guerra Civil y en la resistencia posterior, lo que supone una novedad).

Renovación y ruptura literarias (desde los años 60)

A partir de los años cincuenta, se produjo una distensión y poco a poco fueron surgiendo autores que no conocieron los avatares de la guerra. En los años 60 comienza a apreciarse una renovación de la literatura vasca que se confirmará en las siguientes décadas. Hay una ruptura con las líneas anteriores, aparecen nuevos escritores con otras inquietudes (dejan lo meramente folklórico para ahondar en problemáticas humanas y sociales actuales) y se conocen con mayor profundidad las tendencias literarias de otros países, coincidiendo todo ello con las transformaciones socio-económicas que afectan a Euskal Herria, la evolución de las corrientes ideológico-políticas y la recuperación que opera en la cultura y el arte. 

Además Eusklatzaindia-Academia de la Lengua Vasca impulsó a partir de 1968 la labor de unificación de la lengua vasca, decisión de gran trascendencia para la literatura. Por otro lado, en paralelo hay un desarrollo de los trabajos científicos en tal sentido de Koldo Mitxelena y Luis Villasante (ejerció la Presidencia de Eusklatzaindia), entre otros especialistas, y los estudios sobre la historia de la literatura vasca de Joan Mari Torrealdai, Ibon Sarasola y Jose Maria Satrustegi.

En la poesía el papel jugado por Federico Krutwig no fue tanto por su producción literaria como por su línea de ruptura con la literatura tradicional, temática agnóstica y uso del labortano clásico. Uno de los poetas en esta dirección fue Jon Mirande, vasco-continental nacido en París. Otros poetas que comienzan en esta época son Jean Diharce "Xabier Iratzeder" (benedictino labortano que contribuye a enriquecer el lenguaje poético, Pindar eta lano, 1941), Juan San Martin "Otsalar" y el filósofo Jose Azurmendi (Hitz berdeak, 1971 y Manifestu Atzeratua, 1968).

 En esta década, con Txillardegi, surgió el héroe problemático; la visión del mundo que tenía Agirre quedó atrás y se nos presenta la temática existencialista en Leturiaren egunkari ezkutua, 1957 y aquí estriba la renovación, ya que a nivel técnico, aparte de la utilización de la primera persona en la narración, no hay innovaciones. Luego escribió Peru Leartzako y Elsa Scheelen (ambas de 1969). Otros novelistas fueron José Basterretxea "Oskillaso" y Txomin Peillen (Gauaz ibiltzen dana, 1967)

  El siguiente hito en la poesía lo representó Harri eta Herri de Gabriel Aresti, en 1964, signo de que tanto la sociedad como la literatura habían sufrido una transformación. Aresti sobresale por sus aportaciones en distintos aspectos (lenguaje, contenido, riqueza poética...). Destacan obras como Euskal Harria, 1967, Harrizko Herri hau, 1971 y Azken Harria, 1971. En el campo teatral Aresti también dejó varios trabajos (entre otros Beste mundokoak eta zoro bat, puesta en escena en 1964). Otro autor de línea rupturista fue Salvador Garmendia (Historia triste bat, 1965). Ambos tradujeron piezas de autores extranjeros como Brecht y Camus.

La trayectoria habida en los años 60 tuvo su desarrollo en los 70. Autores ya citados siguieron trabajando, aparece un amplio grupo de entonces jóvenes escritores e, incluso, algunos literatos que habían empezado antes una línea tradicional evolucionan hacia corrientes renovadoras.

 A partir de 1968, la poesía social-protesta, dio paso a un nuevo tipo de poesía más intimista. El simbolismo está presente de alguna manera en Muga beroak, de J.M. Lecuona, y en Hiru gizon bakarka, de B. Gandiaga; Luis María Mujika (Hitzak ebakitzean), J. Oteiza para estas fechas ya había publicado su Quosque tandem (1963), estudio sobre la estética vasca.

 Xavier Lete, que antes de 1968 ya había irrumpido dentro del escenario de la poesía vasca con Egunetik egunera orduen gurpillean, obra que presenta según algunos críticos tanto el componente existencial como el de protesta (tendencia representada también en Hitz Berdeak de J. Azurmendi), publicó Bigarren poema liburua, de sabor surrealista.

 La poesía espacial está representada por J.A. Arze, Hartzabal, en Isturitzetik Tolosan barru (1969-1972) y en Laino guztien azpitik eta sasi guztien gainetik.  

Entre la nueva generación de poetas destacan Ibon Sarasola (Poemagintza, 1969), Patxi Zabaleta (Ezten gorriak, 1975), Arantza Urretavizcaya (San Pedro bezperaren ondokoak, 1972), Joseba Zulaika (Adanen poema amaigaea, 1975), Mikel Arregi (Hego haizearen konpasean, 1975) y Koldo Izagirre (Itsaso ahantzia, 1976).

 Por último cabría citar en este repaso a la policía vasca Uda batez Madrilen (1977), de B. Gandiaga, auténtica síntesis de literatura popular, expresionismo y protesta social.

 Como colofón se podría señalar que la literatura vasca, tardía en cuanto a su nacimiento, ha tenido como destinatario durante mucho tiempo, al margen de las élites, la masa un tanto instruida del País Vasco, con una temática preferentemente religiosa y un carácter local; más pobre y menos variada que la literatura oral: cuentos, leyendas, pastorales, etc., plasmaciones literarias que han jugado un papel importante en la formación de la mentalidad vasca.  

Fue Saizarbitoria el que intentó en 1969, con su Egunero hasten delako, la renovación tanto técnica como temática a nivel de novela. Ehun metro, 1976 es su última novela. Otros novelistas actuales son Anjel Lertxundi (Hunik arrats artean, 1970, Goiko kale, 1973), Xabier Kintana (Beste izakia, 1969, Behin batean , 1972), Xabier Gereño (Arantza artean, 1969, Andereño, 1975), Xabier Amuriza (Hil ala bizi), Mikel Zarate (Haurgintza minetan, 1973, Ipui antzeko alegia mingotzak, 1975) y Patxi Urkizu (Sekulorum sekulotan, 1975). La ensayística vasca actual también comenzó a desarrollarse a finales de los 70 con las aportaciones de Txillardegi (Huntaz eta hartaz, 1965, Hizkuntza eta pentsakera, 1972), Ricardo Arregi (una de las figuras más importantes del pensamiento y cultura de los 60 cuya labor se truncó al morir en plena juventud, siendo parte de sus escritos recogidos en Herriaren lekuko, 1972) y Joxe Azurmendi (Hizkuntza, etnia eta marxismoa, 1971, Kultura proletarioaz, 1973).

Durante los años 80 y 90 se ha consolidado plenamente el panorama literario en lengua vasca. Una breve muestra es la siguiente relación compuesta por los escritores Eusebio Erkiaga, Xabier Gereño, Martñin Ugalde, Juan Mari Irigoien, Arantza Urretavizcaya, Luis Mari Mujika, Patxi Zabaleta, Txillardegi, Bernardo Atxaga, Jose Mari Iturralde, Josean Artze, Koldo Izagirre, Anjel Lertxundi, Tere Irastorza, Pako Aristi, Itxaro Borda, Iñaki Zabaleta, Joseauxtin Arrieta, Mariasun Landa, Joseba Sarrionaindia, Edorta Jiménez, Josu Landa, Xabier Mendiguren, Laura Mintegi, Andolin Eguzkitza, Joxe Belmonte, Jasone Osoro, Antton luku, Joxean Ormazabal, Aungeru Epalza....

 El mencionado Bernardo Atxaga, seudónimo de José Irazu, autor de Zeru Horiek, Bambulo, Obabakoak, Historias de una vaca, Gizona bere bakardadean, Groenlandiako lezioa etc) es uno de los máximos exponentes de la literatura vasca y es conocido en el ámbito internacional siendo sus obras traducidas a otros idiomas.

Evidentemente hemos estado hablando de literatura en lengua vasca. No podemos, aún así, dejar de reseñar a dos grandes vascos de la literatura universal como son Miguel de Unamuno y Pío Baroja.

Bibliografía

 L. Villasante, Historia de la literatura Vasca (Bilbao, 1961)

 B. Detxepare, El primer libro impreso en euskera (Año 1545) (Bilbao, 1978)

 B. Detxepare, Linguae vasconum primitiae (Bilbao, 1980)

 F. García Berlanga, Cinco mil años de Euskera (Bilbao, 1980)

Mitología y Leyendas Vascas