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Resumen histórico de la literatura vasca: Edad media, Renacimiento, Siglo XXLiteratura VascaAl hablar de literatura vasca, en lo que a texto
escrito se refiere, el primer dato reseñable es su tardía aparición en relación
con las demás literaturas de la Europa occidental. El pueblo vasco, de gran
tradición literaria oral, no llegó a la publicación de su primer libro hasta
1545, es decir hasta la época renacentista. Literatura inicial y literatura de los siglos XVI y XVII Precisamente el arraigo de su tradición oral
fue el que propició la conservación de las formas literarias medievales hasta
su impresión escrita, casi siempre fragmentaria, en época más tardía.
Gracias a este proceso, conocemos cantares medievales como el de Emilia de
Lastur (Milia Lasturko), Alos
Torrea, Batalla de Beotibar, La historia de Berterrech, Perutxo, Urrexola,
Etxeandre de Urrutia etc. Cierto que podemos encontrar algún texto muy
reducido anterior a 1545 (las inscripciones aquitanas o las dos frases en
vascuence que aparecen en las Glosas Emilianenses en pleno siglo X, o algún
breve vocabulario reflejado por los peregrinos Aimerich Picaud en el siglo XII, etc.), sin embargo, la primera obra que pudiéramos llamar
literaria se imprimió en vascuence en 1545 y su autoría se debe a Mosén
Bernat Detxepare. De ahí que Detxepare se proclamara así mismo como el
iniciador de la literatura vasca y sintiera un gran orgullo por ello. El título
aparece en latín: Linguae Vasconum Primitiae y comprende 16 poemas
constituidos por 1.159 versos: tres personas de tema religioso, diez de tema erótico,
uno que se refiere a su estancia en la prisión y por último dos que dedicó a
elogiar el vascuence. El
único ejemplar de Linguae Vasconum Primitiae está depositado en París. Fue
escrito en el dialecto bajo-navarro y en uno de los versos animaba al euskera a
difundirse por el mundo ("Euskara jalgi hadi mundura!") y a ser
publicado: "Euskara/oaidano egon bahiz/Inprimatu bagerik/Hi engoitik
ebiliren/mundo guzietarik" (Euskera, si hasta ahora has estado sin
imprimir, en adelante has de viajar por todo el mundo). A la hora de valorar la labor literaria de
Detxepare no hay unanimidad entre los críticos: desde censuras que concluyen en
que fue un gran poeta, hasta quienes opinan que el interés primordial de su
obra reside en lo lingüístico y bibliográfico. Posteriormente, y casi a un cuarto de siglo de
distancia, encontramos otro nombre y otro título fundamental: Joannes de
Leizarraga con Jesús Christ Gure Jaunaren Testamentu Berria. El País Vasco continental, patria tanto de
Detxepare como de Leizarraga, había sufrido transformaciones destacables: la
reina Juana de Albret (reina de Navarra, estando el reino reducido al Bearn y a
Nafarroa Beherea) había renegado del catolicismo y públicamente había
adoptado el calvinismo. La actitud de la reina y la problemática del momento,
aproximó a la Reforma a algunos súbditos, entre los que encontramos al
sacerdote católico Leizarraga, convertido al calvinismo. La visión del hombre
y el mundo a los que responde Leizarraga van a ser, obviamente, distintos de los
que motivaron a Detxepare. A solicitud de la reina, Leizarraga se empleó
en la traducción al vascuence, entre otras cosas, del Nuevo Testamento,
contando para ello con cuatro colaboradores. Pero las dificultades surgieron
pronto. El libro se publicó en la Rochelle en 1571 Si bien Detxepare había sentado un precedente
en materia de poesía, la prosa vasca no tenía tradición y Leizarraga carecía
de modelo o guía. Agravando los problemas se le presentó la situación lingüística:
el vascuence dividido en dialectos, subdialectos y multitud de variedades. ¿Qué
forma utilizar? Dado que debía dirigirse a la mayoría de los vascos, optó por
utilizar el dialecto labortano como base, pero tomando elementos tanto del
bajo-navarro como del suletino. Con el mismo fin, y en lo que a morfología se
refiere, retrocedió en el tiempo, asentándose en la idea de que cuanto más se
remontara iba a encontrar un vascuence más unificado. Esta actitud es la que ocasiona el sabor
arcaizante de su morfología, característica que no se puede extender a su léxico
o sintaxis. La necesidad de traducir fielmente los textos sagrados le llevó a
introducir muchos préstamos por una parte y, por otra, a servirse de la
sintaxis románica derivada del latín. De esta manera Leizarraga abrió un
nuevo camino literario al vascuence: la prosa. Pero la prosa vasca no iba a seguir por los
derroteros de su iniciador. El calvinismo no cuajó y, tras el concilio de
Trento, la prosa tomaría nuevos rumbos e impulsos de la escuela de Sara en la
que destacaría Axular. La escuela de Sara Aunque reducido al campo religioso, la escuela
de Sara supuso un movimiento literario importante dentro del siglo XVII. En
torno a ella se agruparon nombres como Maestre, Etxeberri Ziburuko (Neolak,
1631), Aramburu,
Argaignaratz, Harizmendi, Povreau, etc., formando un círculo de autores que
trabajó en estrecha colaboración. El lenguaje que utilizaban en sus obras era más
bien populista, con lo que el intento de Laizarraga quedaba sin seguidores. Entre ellos, es obligado destacar a Axular con
la obra Gero, bi partetan partitua eta berezia, que como dice en su prólogo,
no la escribió para los letrados, pero tampoco para aquellos que no tuvieran
ninguna instrucción. Axular nació en Urdazubi-Urdax (Nafarroa) pero ejerció
de párroco en Sara (Lapurdi). Gero de Axular (Burdeos, 1643) es una obra ascética cuya
originalidad ha sido debatida. Pero, si bien su temática tiene puntos comunes
con el ascetismo cristiano, dentro del cual se enmarca su formulación
literaria, posee una peculiaridad indiscutible actualmente. L. Mitxelena al referirse a su estilo dirá:
"Abundante y con una ligera propensión a la elocuencia, la expresión es
siempre precisa y ceñida a destacar la fuerza del razonamiento. No hay en
Axular huellas de barroquismo, y sí más bien, aunque con mayor sobriedad, una
cierta semejanza con la manera de Fray Luis de Granada" En el extremo oriental del País Vasco destacan
las figuras no adscritas a la escuela de Sara: A. Oihenart y J. Tartas. Oiehenart, primer escritor no eclesiástico de
la literatura vasca, destacó por dos obras: Notitia utriusque Vasconiae, tum
Ibericae, tum aquitanicae, escrita en latín en la que trata de la historia
de los vascos así como de la lengua vasca, y Les Proverbes Basques
recueillis par le Sr. D'Oihenart, plus les poésies du mesme auteur. En
realidad esta última obra comprende dos partes: Atsotitzac edo Refrauac
y Oten gastaroa neurthizeatan con una primera parte más extensa, una
colección de refranes, y una segunda que contiene poemas, la mayoría de carácter
amatorio y en algún caso religioso. Aunque temáticamente se parece a Detxepare,
sus logros literarios quedan distantes. Su estilo es purista y neologista,
incluyendo la utilización de construcciones ciertamente difíciles. Un año antes de fallecer Oihenart, apareció
el primer libro de J. Tartas, Onsa hilceco bidia. En él defendía que la
mejor manera para lograr una buena muerte es recordarla constantemente durante
la vida. Es un texto que encierra pasajes dignos de formar parte de una antología. Literatura del siglo XVII-XVIII Tras los autores mencionados, la literatura del
País Vasco continental entró en crisis. El auge mantenido durante el siglo
XVII declinaría y, a lo largo del siglo XVIII fue el País Vasco peninsular el
verdadero protagonista en materia de literatura. Mientras la literatura florecía en el País
Vasco continental, el peninsular se encontraba prácticamente sumergido en la
esterilidad. Aparte de algún catecismo, lo único reseñable pudiera ser una
colección de refranes del siglo XVI. Antes de hablar de la figura más descollante
del siglo XVIII, haremos mención a dos obras teatrales: Acto para la
Nochebuena de P.I. Barrutia y el Borracho burlado de F.X. Munibe. La
primera es considerada como una de las mejores piezas del teatro vasco y la
segunda es una ópera cómica en castellano y vascuence. Esa figura central a la que se ha hecho alusión
es el P. Larramendi, apologista del vascuence, pero cuyas obras más importantes
están escritas en castellano. De ahí que al hablar de literatura vasca se haga
referencia a él permanentemente en cuanto impulsor de una nueva generación de
escritores en lengua vasca, entre los que destacaron sobre todo A. Cardaberaz y
S. Mendiburu, cuya producción se orientó especialmente al apostolado. El
primero de ellos no está considerado como un brillante escritor, mientras el
segundo ha sido apodado el "Cicerón Vascongado". Si Cardaberaz y Mendiburu durante el siglo
XVIII elevaron el dialecto guipuzcoano a lenguaje literario, en el XIX J.A.
Morel y el P. Añibarro harían lo propio con el vizcaíno. En el siglo XVIII el médico labortano Joannes Etcheberri (de Sara) solicitó la enseñanza del euskera en Lau Urdiri gomendiozko carta edo guthuna (1718) y presentó unos rudimentos sobre la lengua en Escuararen Hatsapenac. También en labortano clásico se emplearon los sacerdortes Joannes Haraneder, Bernard Larreguy y Andre Baratciart. Literatura en el siglo XIX: hacia el renacimiento literarioEn el País Vasco Continental, a pesar de las consecuencias en otros terrenos de la Revolución Francesa, la literatura se mantuvo sin mayores cambios con textos de sacerdotes como Martín Duhalde (meditaciones cristianas), Francisco Laphitz (biografías de santos), Michel Elissamburu (polemista antirrepublicano) y Jean Pierre Arbelbide. En la poesía Juan Martín Hiribarren ensalzó pasajes legendarios del pueblo vasco (Eskaldunac, 1853). Es preciso citar la labor de mecenazgo (aparte de sus estudios sobre la lengua vasca y su famoso mapa lingüístico) del príncipe francés Luis Luciano Bonaparte que respaldó algunos de los trabajos y publicaciones de Jean Duvoisin (primera traducción completa de la Biblia publicada en Londres en 1859), Manuel de Inchauspe y otros colaboradores. En el País Vasco Peninsular prosiguió la literatura religiosa en el dialecto guipuzcoano con trabajos de Juan Bautista Aguirre, Jose Ignacio Guerrico y Francisco Ignacio de Lardizabal. En otras temáticas Juan Ignacio Iztueta dejó su aporte sobre el folklore vasco en Guipuzkoako dantza gogoangarrien condaira edo historia (1824). También comienza a conformarse el vizcaíno literario de la mano de religiosos como Agustín de Basterrechea (finales del XVIII), Juan Antonio de Moguel (Peru Abarka), Pedro Añibarro y Pedro Astarloa. A partir del último cuarto de siglo, se
organizaron los Juegos Florales, tanto en el País Vasco continental como en el
peninsular. Los del continental tuvieron como mecenas a Antoine d'Abbadie y los
del peninsular a José Manterola. Algún crítico opinó que no se presentaron
obras de gran calidad, pero lo cierto es que se propició un renacimiento de la
vida cultural vasca. El mundillo culto se agrupó y desarrolló fundamentalmente
en torno a las revistas (Euskal-Erria, publicada en Donostia-San
Sebastián desde 1880, y en el País Vasco Continental Le Reveil Basque,
republicana, y Escualduna, conservadora). En la poesía alcanzaron
fama las composiciones de Piarres Topet "Etchaun", del bardo José
María Iparaguirre (autor del Gernikako Arbola y otros textos en defensa de los
Fueros), Jean Baptiste Elissamburu (de excelente formación literaria) y Felipe
Arrese Beitia. El teatro moderno comienza con Marcelino Soroa, autor de varias
piezas escritas en los años 80 (Anton Caicu, Alcate Berriya). En lo que a la lengua como tal respecta, surgieron ya
los planteamientos iniciales acerca de la necesidad de unificación del
vascuence. La literatura vasca en el siglo XX (primeras décadas)El empuje renacentista comenzado a finales del siglo XIX continuó en las tres primeras décadas del siglo XX. Se formaron asociaciones (Eusklatzaleen Biltzarra, Sociedad Euskaltzaleak) y aparecieron varias revistas (Revista Internacional de Estudios Vascos, Euskla Esnalea, Gure Herria....) Uno de los nuevos factores es el auge del nacionalismo vasco que demanda la recuperación del idioma vasco y una potenciación de su literatura, si bien en la práctica la lengua principal utilizada por sus dirigentes y en su propaganda fue el castellano. El impulsor del nacionalismo, Sabino Arana, defendió un excesivo purismo del idioma que se observa en la parte de su obra no política. Otro hecho de singular importancia es la creación en 1919 de Euskaltzaindia-Academia de la Lengua Vasca, cuyo primer presidente fue el sacerdote Resurrección María de Azkue, autor prolífico en varios géneros. La poesía siguió anclada en los esquemas florales de años anteriores, con poetas como Emeterio Arrese (Nere bidean, 1913, Txindor, 1928), Kepa Enbeita (Enbeita Oleskaria, 1966) y Pablo Zamarripa (Gora begira, 1927). El teatro tuvo como autores principales a Toribio Alzaga (San Tomaseko Feriya, 1894, Bost urtian, 1922) que fue el director de la Academia de Declamación Vasca fundada en 1915, y Avelino Barriola (varios dramas). La novela continuó sin pasar del estadio costumbrista y ruralista, siendo algunos novelistas José Manuel Echeita (Jayoterri maitia, 1910), Txomin Aguirre (Kresala, 1906, Garoa, 1912) y Jean Barbier (Piarres, 1926-29). Otros escritores de estas décadas fueron Evaristo de Bustinza "Kirikiño" (narraciones en dialecto vizcaíno en el diario Euzkadi y en revistas, recopiladas en los libros Abarrak y Bigarrengo Abarrak, 1918 y 1930), Jules Moulier "Oxobi" (poeta y fabulista, Alegiak de 1926), Gregorio de Muxika (narraciones sobre el personaje Pernando Amezketarra, 1927) y Jean Etchepare (Buruxkak, 1910 y Berebilez, 1930). Adentrándose en la primera mitad del siglo XX,
encontramos como figura impulsora de las letras a José Ariztimuño, llamado Aitzol,
organizador de certámenes "Días del euskera". Si bien los vestigios de la novela vasca
aparecen en el siglo XIX con Peru Abarca, de Mogel, es Atheka Gaitzeko
Oihartzunak, de Daskonagerre, la considerada como primera novela, a pesar de
haber sido escrita primero en francés bajo el título de Les échos
du pas de Roland. En estos comienzos del siglo XX, la novela estuvo
representada por Agirre. Éste en su Auñamendiko lorea, Kresala y
Garoa fue reflejo de la marginación a la que había sido sometido el
vascuence al no ser vehículo de cultura del habitante urbano vasco: idealización
de vida fuera de las ciudades, pero que no responde a la realidad sociológica
del País Vasco. La poesía vasca abrió horizontes totalmente
nuevos: buscó una nueva arquitectura en la versificación, un mundo poético más
elaborado. En torno a Aitzol surgiría una nueva generación, la llamada de los
"olerkariak" (poetas), ya que se auto-denominaban así. Destacaremos tres poetas como máximos
representantes de aquél momento: Esteban Urkiaga, Lauaxeta; J.M. Agirre,
Lizardi, y Nicolás Ormaetxea, Orixe. El primero fue autor de dos libros de poemas de
gran belleza poética: Bide barrijak y Arrats-beran. Lauaxeta, apartándose de las pautas que
marcaba la poesía vasca tradicional, no desdeñó las corrientes vigentes en
Europa, sobre todo en Francia. Es el poeta que más
sistemáticamente ha tratado el tema del amor dentro de la literatura
vasca. Lizardi, en opinión de algunos críticos, logró
con su Biotz-begietan, la cima de la lírica vasca. Tenía un lenguaje poético
personal, trataba de escapar del automatismo de la percepción y recrear la vida
cotidiana, con él se pasa de una poesía discursiva a una poesía metafórica.
Ese lenguaje elaborado, sintetizado, metafórico, le exigió unas técnicas
nuevas, de ahí la preocupación formal que preside su obra, en la medida, en el
ritmo, etc. Poeta impresionista, narrador e investigador
meticuloso, tuvo presentes la belleza de las cosas, la brevedad de la vida, la
fugacidad del tiempo, las ansias de infinitud del hombre sin olvidar su realidad
social: las necesidades y lucha del pueblo vasco; en este sentido su
"amona" parece elevarse como la muerte de este pueblo. Literatura tras la Guerra Civil (de los años 40 a los 60)Tras la Guerra Civil (1936-39) la cultura y la lengua vascas afrontaron una situación crítica. Parte de la literatura durante las primeras décadas franquistas se fectuó y publicó en el exilio. Meritoria fue la labor de la Editorial EKIN en Argentina y las revista Eusko-Gogoa, editada inicialmente en Guatemala y Gernika, publicada en el País Vasco continental. En el sur a principios de los 50 obtuvo autorización para publicar en euskara la editorial Itxaropena y pudo aparecer la revista Egan. Más tarde vendrían Anaitasuna, Zeruko Argia, Jakin y otras más, vehículos de expresión de los literatos de la época. De la generación de postguerra sobresalió
Nicolas Ormaetxea "Orixe". Orixe fue otro de los "olerkaris".
Personaje muy controvertido entre sus contemporáneos; para unos es el mejor
escritor vasco; otros lo han marginado totalmente. Probablemente, como ha señalado
algún crítico, resulta ser el más importante de su tiempo, pero no el mejor.
Autor del poema épico Euskaldunak en el que cimentándose en las técnicas del
bersolarismo subraya el ritmo, no tanto la sílaba. Dentro de su extensa
producción (traducciones, narraciones, etc.), cabe citar también Barne-muinetan,
colección de poemas líricos, místicos, que ha sido considerada como su mejor
obra. En el terreno de la poesía la reactivación se debió a Telesforo Monzón (consejero del Gobierno Vasco en el exilio, que publicó Urrundik en 1945 en México y Gudarien Egiñak en 1947, en Euskadi Norte). Tras la guerra de 1936, vino la llamada
"generación de la continuidad". Casi todos los escritores escribieron
desde el exilio y desde una perspectiva temática y estética continuadora de la
que primaba en la preguerra civil. Surgió la psicosis de la muerte de un pueblo
y la temática rondaba en torno a ella, siendo S. Mitxelena uno de los poetas más
representativos de esta época (franciscano, autor de Arantzatzu: euskal-sinismenaren
poema, 1949, único libro en vasco publicado en el Estado es El teatro tuvo como autores más señalados a Antonio María Labayen, Jacinto Carrasquedo, Pierre Lartzabal (autor vasco-continental que aportó obras como Bordatxuri, Hiru ziren, Matalaz publicadas en los 60) y Agustín Zubikarai (Itxasora, 1949, Seaska inguruan, 1956). En la narrativa no hubo muchas novedades dadas las circunstancias. En este terreno se desempeñaron Juan Antonio Irazusta (Joañixio, 1944 y Bizia garratza da 1950, aparecidas en Puerto Rico y Argentina), Jose de Eizaguirre (Ekaitzpean, 1948), Jon Etxaide (Alos-torrea, 1950, Joanak-joan, 1955 y Gorrotoa lege, 1964), Eusebio Erkiaga (Arranegi, 1958 y Araibar zalduna, 1962), Jose Antonio Loidi (Amabost egun Urgain'en, 1955) y Martín Ugalde (exiliado en Venezuela editó IltzaIleak, 1961, relatos inspirados en la Guerra Civil y en la resistencia posterior, lo que supone una novedad). Renovación y ruptura literarias (desde los años 60)A partir de los años cincuenta, se produjo una distensión y poco a poco fueron surgiendo autores que no conocieron los avatares de la guerra. En los años 60 comienza a apreciarse una renovación de la literatura vasca que se confirmará en las siguientes décadas. Hay una ruptura con las líneas anteriores, aparecen nuevos escritores con otras inquietudes (dejan lo meramente folklórico para ahondar en problemáticas humanas y sociales actuales) y se conocen con mayor profundidad las tendencias literarias de otros países, coincidiendo todo ello con las transformaciones socio-económicas que afectan a Euskal Herria, la evolución de las corrientes ideológico-políticas y la recuperación que opera en la cultura y el arte. Además Eusklatzaindia-Academia de la Lengua Vasca impulsó a partir de 1968 la labor de unificación de la lengua vasca, decisión de gran trascendencia para la literatura. Por otro lado, en paralelo hay un desarrollo de los trabajos científicos en tal sentido de Koldo Mitxelena y Luis Villasante (ejerció la Presidencia de Eusklatzaindia), entre otros especialistas, y los estudios sobre la historia de la literatura vasca de Joan Mari Torrealdai, Ibon Sarasola y Jose Maria Satrustegi. En la poesía el papel jugado por Federico Krutwig no fue tanto por su producción literaria como por su línea de ruptura con la literatura tradicional, temática agnóstica y uso del labortano clásico. Uno de los poetas en esta dirección fue Jon Mirande, vasco-continental nacido en París. Otros poetas que comienzan en esta época son Jean Diharce "Xabier Iratzeder" (benedictino labortano que contribuye a enriquecer el lenguaje poético, Pindar eta lano, 1941), Juan San Martin "Otsalar" y el filósofo Jose Azurmendi (Hitz berdeak, 1971 y Manifestu Atzeratua, 1968). En esta década, con Txillardegi, surgió el héroe
problemático; la visión del mundo que tenía Agirre quedó atrás y se nos
presenta la temática existencialista en Leturiaren egunkari ezkutua, 1957
y
aquí estriba la renovación, ya que a nivel técnico, aparte de la utilización
de la primera persona en la narración, no hay innovaciones. El siguiente hito en la poesía lo representó Harri
eta Herri de Gabriel Aresti, en 1964, signo de que tanto la sociedad como la
literatura habían sufrido una transformación. La trayectoria habida en los años 60 tuvo su desarrollo en los 70. Autores ya citados siguieron trabajando, aparece un amplio grupo de entonces jóvenes escritores e, incluso, algunos literatos que habían empezado antes una línea tradicional evolucionan hacia corrientes renovadoras. A partir de 1968, la poesía social-protesta,
dio paso a un nuevo tipo de poesía más intimista. El simbolismo está presente
de alguna manera en Muga beroak, de J.M. Lecuona, y en Hiru gizon
bakarka, de B. Gandiaga; Luis María Mujika (Hitzak ebakitzean), J. Oteiza para estas fechas ya había publicado su Quosque
tandem (1963), estudio sobre la estética vasca. Xavier Lete, que antes de 1968 ya había
irrumpido dentro del escenario de la poesía vasca con Egunetik egunera
orduen gurpillean, obra que presenta según algunos críticos tanto el
componente existencial como el de protesta (tendencia representada también en Hitz
Berdeak de J. Azurmendi), publicó Bigarren poema liburua, de sabor
surrealista. La poesía espacial está representada por J.A.
Arze, Hartzabal, en Isturitzetik Tolosan barru (1969-1972) y en Laino
guztien azpitik eta sasi guztien gainetik. Entre la nueva generación de poetas destacan Ibon Sarasola (Poemagintza, 1969), Patxi Zabaleta (Ezten gorriak, 1975), Arantza Urretavizcaya (San Pedro bezperaren ondokoak, 1972), Joseba Zulaika (Adanen poema amaigaea, 1975), Mikel Arregi (Hego haizearen konpasean, 1975) y Koldo Izagirre (Itsaso ahantzia, 1976). Por último cabría citar en este repaso a la
policía vasca Uda batez Madrilen (1977), de B. Gandiaga, auténtica síntesis
de literatura popular, expresionismo y protesta social. Como colofón se podría señalar que la
literatura vasca, tardía en cuanto a su nacimiento, ha tenido como destinatario
durante mucho tiempo, al margen de las élites, la masa un tanto instruida del
País Vasco, con una temática preferentemente religiosa y un carácter local; más
pobre y menos variada que la literatura oral: cuentos, leyendas, pastorales,
etc., plasmaciones literarias que han jugado un papel importante en la formación
de la mentalidad vasca. Fue Saizarbitoria el que intentó en 1969, con
su Egunero hasten delako, la renovación tanto técnica como temática a
nivel de novela. Ehun metro, 1976 es su última novela. Otros novelistas
actuales son Anjel Lertxundi (Hunik arrats artean, 1970, Goiko kale,
1973), Xabier Kintana (Beste izakia, 1969, Behin batean Durante los años 80 y 90 se ha consolidado plenamente el panorama literario en lengua vasca. Una breve muestra es la siguiente relación compuesta por los escritores Eusebio Erkiaga, Xabier Gereño, Martñin Ugalde, Juan Mari Irigoien, Arantza Urretavizcaya, Luis Mari Mujika, Patxi Zabaleta, Txillardegi, Bernardo Atxaga, Jose Mari Iturralde, Josean Artze, Koldo Izagirre, Anjel Lertxundi, Tere Irastorza, Pako Aristi, Itxaro Borda, Iñaki Zabaleta, Joseauxtin Arrieta, Mariasun Landa, Joseba Sarrionaindia, Edorta Jiménez, Josu Landa, Xabier Mendiguren, Laura Mintegi, Andolin Eguzkitza, Joxe Belmonte, Jasone Osoro, Antton luku, Joxean Ormazabal, Aungeru Epalza.... El mencionado Bernardo Atxaga, seudónimo de José Irazu, autor de Zeru Horiek, Bambulo, Obabakoak, Historias de una vaca, Gizona bere bakardadean, Groenlandiako lezioa etc) es uno de los máximos exponentes de la literatura vasca y es conocido en el ámbito internacional siendo sus obras traducidas a otros idiomas. Evidentemente hemos estado hablando de literatura en lengua vasca. No podemos, aún así, dejar de reseñar a dos grandes vascos de la literatura universal como son Miguel de Unamuno y Pío Baroja. Bibliografía L. Villasante, Historia de la literatura
Vasca (Bilbao, 1961) B. Detxepare, El primer libro impreso en
euskera (Año 1545) (Bilbao, 1978) B. Detxepare, Linguae vasconum
primitiae (Bilbao, 1980) F. García Berlanga, Cinco mil años de
Euskera (Bilbao, 1980) |