BATALLAS GANADAS Y  BATALLAS POR GANAR

 

El 13 de abril la derecha y el imperialismo sufrieron una contundente derrota. Transitoria, pero de enorme trascendencia política nacional y continental. Esta situación determina que el rasgo central del período se exprese en la iniciativa estratégica de las fuerzas bolivarianas. La resolución del TSJ evitando el enjuiciamiento a los militares golpistas es una nueva provocación a la que debe enfrentarse. Pero no cambia el sentido de la correlación de fuerzas. Es necesario promover la solidaridad internacional con la revolución bolivariana y el enjuiciamiento de los golpistas por un Tribunal moral sin compromisos con las grandes potencias. Las verdaderas amenazas al proceso revolucionario que protagoniza nuestro pueblo 

 

Todo es diferente después del frustrado golpe del 11 de abril. Aún cuando las fuerzas  políticas y económicas que participaron de la conspiración  persisten en su intención de quebrar el proceso revolucionario bolivariano, y siguen actuando como si nada hubiera cambiado en el país.

 

A pesar de la resolución adoptada por la mayoría de los miembros del Tribunal Supremo de Justicia evitando -por ahora– que los golpistas sean juzgados y castigados, la derrota que la contrarrevolución sufrió el 13 de abril es un hecho contundente. Una derrota transitoria, pero no por eso menos significativa.

 

En primer lugar porque ha golpeado al brazo armado del golpismo. Los militares cómplices de la sedición han perdido puestos de mandos decisivos en la estructura de la fuerza armada. Seguramente no todos se fueron, pero ahora está mucho más restringida la capacidad de acción para aquellos que piensen reeditar una nueva aventura subversiva.

 

Pero tan importante como el desplazamiento de los conspiradores es el aprendizaje que soldados, suboficiales y jóvenes oficiales hicieron: en pocas horas pudieron ver que la obediencia a los mandos golpistas conducía a un enfrentamiento histórico, de impredecible consecuencia, entre las fuerzas armadas y los centenares de miles de hombres y mujeres que estamos con el Presidente Chávez para hacer realidad las transformaciones que la nueva Constitución exige.

 

En esas horas decisivas  en las cuales apareció el pueblo decidido a no dejarse arrebatar sus banderas, resumidas en la persona del Presidente Chávez, pudieron comprobar que la política conspirativa del imperialismo y la derecha pretendiendo burlar la decisión mayoritaria de nuestro pueblo, colocaba a Venezuela al borde del mismo abismo al cual la oligarquía colombiana empujó al hermano país, cuando allí se ignoró la voluntad popular asesinando a Jorge Eleicer Gaitán.

 

Ese impresionante desarrollo político demostrado por nuestro pueblo, que afloró en el curso de la crisis, es el cambio sustancial que marcará el futuro inmediato de nuestra Patria. Aunque las clases oligárquicas sigan obstinadas en desconocerlo, utilizando los medios que controlan para seguir mintiendo y confundiendo, incluso a sus propios seguidores.

 

Un crecimiento del pueblo que está desnudando también a quienes desde las filas bolivarianas pretenden reincidir en la vieja práctica de la politiquería local  -como los renegados miquilenistas-, donde era tradición que los jefes mandan y deciden según intereses propios, al margen de la voluntad y los intereses de aquellos que le dieron sus cargos.

 

La respuesta multitudinaria para defender a la revolución, en condiciones absolutamente desfavorables, demolió todas las previsiones y especulaciones de supuestos analistas políticos, superó a los cuadros militantes y de dirección de las fuerzas bolivarianas y -lo más importante- fue un paso decisivo para afirmar en nuestra conciencia colectiva el potencial político y la identidad social de quienes tomamos las calles, sin anteponer ningún riesgo personal.

 

Desde el 13 de abril sabemos que entre todos podemos. De allí en adelante nada será igual. 

 

 

FALSOS ESPEJISMOS Y REALIDAD

 

Como en esos juegos de espejos que existen en los parques de diversiones  y que devuelven una imagen deformada de la realidad, se equivocan aquellos que pretenden diagnosticar el futuro de este proceso revolucionario bolivariano por lo que ocurre en las instituciones del Estado o en las llamadas mesas de diálogo.

 

Es esperable que la derecha y la prensa canalla presenten en primera plana como muestras de debilidad y presagio de derrumbe, la ineficacia en las primeras y los fracasos o lentos avances en las últimas. Pero no se puede admitir que sea ese el patrón de medida de aquellos que fueron designados por el pueblo para asumir responsabilidades, ni tampoco el de quienes pretenden orientar la marcha de este pueblo que se largó a caminar solo desde 1989.

 

Sin entender ni valorar la importancia política del crecimiento que tuvo después de abril la tendencia a unificarse, organizarse y la capacidad de movilización que a diario este pueblo demuestra es imposible afrontar, con posibilidad de éxito, las nuevas batallas que se aproximan.

 

Los hechos son elocuentes: la importante movilización del 1º de mayo se realizó casi sin preparación y en medio de las dudas de muchos dirigentes bolivarianos; la imponente movilización del 29 de junio sufrió un cambio de fecha quince días antes y prácticamente la publicidad en los medios se limitó a los dos días anteriores; los círculos bolivarianos se extienden sin pausa; crece la coordinación entre las distintas organizaciones populares; infinidad de publicaciones bolivarianas aparecen desde el seno del pueblo, de la simple hoja hasta periódicos más elaborados.

 

Ahora no hace falta explicar que las tendencias unitarias del pueblo avanzan (ver Basirruque Nº 8) porque todos lo viven  a diario. Pese a la diversidad de fuerzas que conforman el espectro bolivariano esto se percibe en la calle, en los barrios, en los lugares de trabajo. La exigencia de este momento es encontrar el camino práctico para darle una organización a esa tendencia unitaria que aflora desde el pueblo.

 

La unidad bolivariana se ha fortalecido después del golpe, porque ese crecimiento político del pueblo no sólo tiene una dirección reconocida en Chávez, un programa en el texto constitucional, sino también un contenido concreto, que unifica para la acción, en la tarea de sustituir al viejo Estado oligárquico construyendo la República Bolivariana participativa desde las comunidades, en toda la extensión territorial.

 

Inversamente a lo que ocurre con la derecha. Que el 11 de julio ha mostrado que su capacidad de movilización no sólo está estancada pese al enorme esfuerzo publicitario monopolizando los medios, sino que socialmente permanece limitada a un sector de la clase media.

 

La fractura entre sus fuerzas, ahora inocultable, radica no sólo en los distintos caminos que se proponen para terminar con Chávez – su único punto de unidad – , sino fundamentalmente en que carecen de una alternativa común para oponer al proyecto bolivariano, que pueda ser creíble para amplios sectores sociales. Cuando se encaramaron en el poder por breves horas, apareció claramente que era el plan dictado por el gran capital financiero el único que podía implantarse como opción al bolivariano.

 

 

LA OPOSICION NO TIENE ALTERNATIVA.

 

No podía ser de otra manera. En contra de las apariencias, nuevamente la realidad  se impone: la inexistencia de un proyecto propio por parte de la derecha local, no radica en la incapacidad intelectual de quienes la dirigen, ni siquiera en el choque entre sus divergentes intereses sectoriales, que por supuesto también existe. Tiene causas más profundas.

 

Sumergida en la profundidad de la crisis que cruza a la economía mundial, las llamadas políticas neoliberales se hacen trizas en cada uno de los países de América Latina. Ese fracaso de los planes del capital financiero -yanqui  en particular- representa  también la bancarrota ideológica y el descrédito popular de las fuerzas políticas como AD, COPEI y otras que ahora son parte de la oposición, que vivieron y crecieron a su sombra, traficando con las riquezas nacionales y el hambre de inmensas masas populares.

 

Ahora que se evaporó ese espejismo de los 80 y 90, la gran mayoría del pueblo sabe que la única alternativa posible de desarrollo obliga a confrontar con los intereses y la política del imperialismo, y no a buscar su protección. Significa transitar por un estrecho camino que pasa por oponerse al ALCA y a las presiones de todo tipo, incluso militares,  que se ejercen desde Washington sobre nuestros países, para continuar bombeando hacia el norte el excedente del trabajo humano acumulado, una necesidad imperiosa para ellos, porque la primer economía del mundo entró en una etapa recesiva que amenaza con  transformarse en profunda crisis.

 

Nuestra historia determinó que sean las fuerzas bolivarianas quienes asumieron esa oposición a las necesidades imperialistas y por eso representan la única alternativa, aunque tengan la responsabilidad de gobernar.

 

La derecha necesita utilizar el transitorio triunfalismo reaccionario desatado por el insostenible dictamen del TSJ, para seguir ocultando su carencia de un programa y una perspectiva distinta a la que les impone el imperialismo.

 

Los sectores medios que encerrados en la cerril defensa de pequeñas ventajas obtenidas bajo el antiguo régimen del puntofijismo no vacilan en juntarse con la oligarquía, han perdido toda perspectiva histórica del combate que cruza a este continente y tiene en Venezuela a su protagonista central.

 

Bajo ningún rótulo ideológico ni ropaje político se puede eludir ese combate. Quienes sueñan con un país democrático y floreciente sin Chávez no tienen atajos posibles.

 

 

UN TRIBUNAL  CONTRA EL PUEBLO

 

Los militantes de la Liga Socialista participamos de los mismos sentimientos que cruzan a la inmensa mayoría de nuestro pueblo desde el momento en que se conoció la resolución del TSJ rechazando el pedido de juicio a los militares golpistas del 11 de abril. Aunque esta resolución era esperable y previsible, no por eso deja de provocar indignación e irritación frente a la impunidad y alevosía con la que los personajes de la derecha proimperialista continúan actuando.

 

Con esta decisión del TSJ la contrarrevolución obtiene un triunfo táctico en el plano de las estructuras institucionales del Estado, que no es otro que el viejo Estado oligárquico.

 

Un Estado que sólo se ha remozado en algunos aspectos formales para adaptarse a las exigencias de la nueva Constitución bolivariana, pero que aún conserva en su seno toda la concepción ideológica y los vínculos directos con las clases explotadoras.

 

Y que como demuestra esta resolución está dispuesto a sobrevivir y garantizar  privilegios e impunidad a cualquier costo, por encima de cualquier elemento de racionalidad, justicia y convivencia social.

 

Pero este Estado seguirá sobreviviendo si no se avanza aceleradamente en la ejecución práctica del programa bolivariano, es decir realizar las transformaciones para el ejercicio efectivo del poder del pueblo que la Constitución exige y facilita, a partir de estructurar el poder de las comunidades en los municipios, y el control popular efectivo en cada nivel de las instituciones estatales, incluido el corrupto ámbito judicial.

 

Es esta la principal tarea que los revolucionarios tenemos la obligación de impulsar con nuestra militancia cotidiana, porque está muy retrasada en relación a las exigencias del proceso, si  se quiere cumplir con su objetivo revolucionario.

 

En particular el contenido de la resolución es absolutamente inconstitucional y carece de todo sustento jurídico en el contexto de nuestro ordenamiento legal. Existen una diversidad de mecanismos posibles dentro de la misma Constitución para impugnar esa resolución, entre ellos los señalados por los artículos 253 y 350 del texto constitucional.

 

Es jurídicamente falso la propaganda que realiza la derecha que no es posible una acción jurídica para revisar la resolución del TSJ y que esa posibilidad está cerrada. No sólo es posible sino que debe realizarse, y constitucionalmente la impugnación a la resolución puede ser hecha por el pueblo.

 

Toda esta acción jurídica debe estar sustentada en una claro entendimiento de las masas y en las acción y movilización del pueblo, porque es parte del combate político.

 

Es incorrecta la posición que plantean algunas fuerzas bolivarianas de la necesidad de realizar una nueva Constituyente para revertir la resolución y cambiar a los jueces golpistas del TSJ. Para esto último sólo se requiere dictar una ley prevista por la propia Constitución para su designación, ley que nunca se sancionó, y posteriormente a la ley nombrar un nuevo tribunal, con otros jueces.

 

El llamado a una nueva Constituyente sería una concesión gratuita a la derecha porque significaría, en mitad de la pelea, comenzar a revisar nuestro propio programa, en lugar de juntar fuerza y ejecutarlo con decisión y firmeza.

Esto no haría más que abrir camino a la confusión, posibilitar la revisión de principios constitucionales que la derecha quiere hacer desaparecer, y fundamentalmente desmoralizaría al pueblo o ayudaría a desgastarlo en inútiles combates.

 

 

UNA NUEVA PROVOCACIÓN

 

Que la resolución judicial represente un triunfo táctico de la contrarrevolución no significa que carezca de importancia, o que no sea necesario enfrentarla. Como tampoco significa que se haya alterado la correlación estratégica de fuerzas de todo este período.

 

El imperialismo y sus socios son conscientes de la fuerza social que el proceso revolucionario está acumulando desde el momento que surgió. Por eso, con distintas tácticas -evitar su llegada al gobierno primero, cooptación por vía del miquilenismo y maniobras para fraccionar y debilitar el bloque revolucionario más tarde, aventura golpista de abril- trata de acabar con este proceso, antes que se pueda consolidar con las transformaciones económicas que el país exige y logre solidificar en fuerza política unitaria su apoyo social.

 

No todas las fuerzas bolivarianas han demostrado tener esa misma conciencia del proceso que protagonizan. Porque muchas alientan ilusiones de conciliación, contrarias a ese interés imperialista en enfrentar y liquidar esta revolución bolivariana lo más pronto posible.

 

También en amplios sectores del pueblo la conciencia del curso de este proceso recién se comienza a desarrollar en los últimos meses, desde la aceleración de la escalada golpista. El crecimiento de las tendencias unitarias y la decisión de desarrollar una mayor y mejor organización y participación es expresión de ese crecimiento político.

 

Por eso el imperialismo apura el paso con todo tipo de provocaciones para conducir la lucha política hacia el terreno de la guerra civil.

Es absolutamente justo y necesario todo esfuerzo realizado para postergar lo máximo posible que el enfrentamiento se resuelva en el terreno de la acción armada, como quiere el imperialismo para justificar su intervención armada directa, mediante la máscara de la OEA.

 

Frente a la provocación imperialista el pueblo venezolano debe exigir la solidaridad internacional promoviendo iniciativas que desenmascaren esas maniobras. Así como en su momento las mejores conciencias del mundo condenaron el genocidio yanqui contra el pueblo vietnamita  en el famoso Tribunal Russell, hoy debemos hacer un llamado a quienes internacionalmente asumen una posición crítica frente al genocidio del hambre provocado por las políticas neoliberales para que promuevan el juzgamiento de los golpistas por un Tribunal similar, libre de todo compromiso económico e institucional con las grandes potencias mundiales.

 

La resolución judicial del TSJ no puede verse más que como una más  de esa serie de provocaciones, a la cual seguirán otras en el terreno judicial, como la pretensión de juzgar al Presidente Chávez. Provocaciones que deben ser enfrentadas con serenidad y firmeza en el terreno que corresponde.

 

 

SOMBRAS SOBRE LA REVOLUCION BOLIVARIANA

 

Por eso no cejarán los ataques al gobierno del Presidente Chávez, cualquiera sea la excusa. Para enfrentar al enemigo hay que saber claramente cual es su objetivo primordial. Es ley de la guerra realizar maniobras de distracción para  sorprender al oponente por donde no espera el ataque.

 

Ahora la mayor y silenciosa conspiración  se está gestando en el terreno de la economía, e implica una amenaza mucho mayor para este proceso que la irracional resolución del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Se conspira desde los cuadros de gerentes que tienen máxima decisión en PDVSA, el corazón de la economía nacional, que debe financiar con sus ganancias cualquier proyecto de desarrollo de otras áreas económicas, para impulsar el crecimiento y luchar contra el desempleo. Hay que decirlo sin metáforas: de la empresa petrolera el gobierno bolivariano no pudo erradicar a la contrarrevolución.

 

La conspiración se extiende también a la otra gran fuente energética, la electricidad. Las presiones para entregar a manos de capitales privados puntos claves de la producción eléctrica han crecido en las últimas semanas. Esto llevaría a un alza de las tarifas que sería una mortal puñalada a cualquier intento de reactivación económica. 

 

El imperialismo apela ahora a la presión económica en nombre de la llamada ley de los mercados, porque en lo inmediato no puede recurrir a otro intento militar.

 

Este pueblo y la revolución que protagoniza está ganando sucesivas y duras batallas. La de recuperar su caudal de lucha después del caracazo y la insurrección de febrero del 92, la batalla electoral para arrasar con los viejos aparatos, la de la Constituyente para forjar un nuevo proyecto de país tras un programa unitario de los más amplias masas, la de retomar el gobierno frente a la sedición imperialista de abril, la de depurar las filas militares de elementos golpistas.

 

Sin duda que ganaremos la difícil batalla de la economía si consolidamos nuestra organización revolucionaria, estudiamos correctamente cuales son los puntos por donde nos atacará el enemigo, los trabajadores recuperamos nuestras organizaciones de clase y nos ponemos al frente de esta batalla desde los centros productivos, y forjamos la unidad con las fuerzas que en todos los pueblos hermanos están enfrentando la política imperialista que ahoga nuestro presente y pretende dejarnos sin futuro.

 

Junto a nuestro pueblo, como parte del mismo, afirmamos ahora con más fuerza que

 

El pueblo no acepta la resolución del TSJ por inconstitucional !!

Contra la impunidad a los golpistas !!

Por la construcción de la República Bolivariana desde el pueblo y las comunidades !!  

PODER PARA EL PUEBLO