19   -   EL TEATRO EN EL ANTIGUO EGIPTO

 

 

por   MARÍA INÉS PEYRALLO

 

 

 

1.- Introducción.-

El surgimiento del género dramático en la producción literaria de una civilización observa generalmente una progresión, en la que los más elaborados o complejos nacen a partir de los más simples o primitivos. En efecto, a la tradición oral en forma de relatos de hechos antiguos -gestas de héroes, vida de antepasados y todo lo referente a la génesis y peripecias de las divinidades-, lo que solemos denominar prosa o género narrativo, sigue el género poético o lírico, como una expresión artística posterior que, partiendo de la prosa añade elementos estilísticos más ricos y elaborados.

La unión de ambos géneros, prosa y poesía, a otras manifestaciones artísticas como la música, el canto y la danza, entre otras, favorece la aparición del género dramático. Otros factores que también favorecen su aparición es la aplicación de las artes mencionadas al culto y servicio de los dioses. Dado que gran parte del caudal artístico de la humanidad fue consagrado en primer lugar al culto y servicio de la divinidad, puede afirmarse que la religión ha tenido muchas influencia en el desarrollo general de todas las artes.

Esta afirmación es particularmente cierta en el caso de Egipto, las mayores obras de todas las artes debieron su creación al culto de los dioses, ya se tratara de un templo, de una escultura o de una creación literaria. Esto se aplica asimismo al género dramático en general, cuyo nacimiento se debe al culto de Osiris, o más bien a la representación que de algunos episodios de su leyenda se representaban anualmente en el festival de Abydos: la salida del dios sobre su barca, guiado por el dios perro Upuaut, que iba a masacrar a sus adversarios, la muerte del dios, su entierro en el lugar llamado Oupeqer, el gran combate del Nedit -lugar de la muerte de Osiris- y la venganza que se hacía sobre sus enemigos.

Los misterios de Osiris, aún cuando hayan llegado hasta nosotros en textos muy fragmentados, poseen aspectos y características definidas que muestran su conexión e influencia en el posterior surgimiento del teatro griego, antecesor del género dramático como lo conocemos hoy.

 

2.- El Festival de Abydos.-

La institución de las fiestas muy antiguas se atribuía al dios Ra. Los egipcios tenían en su calendario un total de ciento cinco días festivos, durante los cuales el pueblo se regocijaba y la liturgia era particularmente solemne; el curso del culto ordinario era interrumpido, se añadían al ritual cantos especiales, se decoraba el templo, la ciudad estaba iluminada, y las ofrendas afluían en gran cantidad para la masa de huéspedes que llegaban al templo. Significaba para el pueblo la oportunidad para acercarse al dios; su estatua era sacada del templo sobre un santuario portátil rodeado por una cortina, el cual se ponía sobre una barca sagrada que transportaban los sacerdotes.

La procesión solía llevarse a cabo en el patio, en las inmediaciones de la morada del dios. Sin embargo, durante las grandes fiestas, la imagen divina recorría los campos o navegaba sobre el Nilo haciendo numerosas escalas. En esas ocasiones se consultaba al dios, que contestaba a las preguntas de los fieles mediante oráculos, resolviendo de este modo diversas contiendas civiles y judiciales.

En el mes de Athyr -tercer mes de la estación de Ajet, la inundación-, consagrado a la diosa Hathor -identificada también con Isis, esposa de Osiris- empezaban las representaciones del drama de Osiris, que proseguían hasta el mes siguiente, Kohiak. Osiris, señor de los ciclos y de la transformación, un dios eminentemente asociado a las labores de la agricultura y la vegetación, dejaba sentir su presencia a lo largo de todo el año. Como parte de las ceremonias rituales del festival, los sacerdotes modelaban una estatua del dios con tierra mezclada con incienso en la que se plantaban granos de cereal, fecundada luego por el agua del Nilo. La factura de esta estatua suponía un complicado ritual cuyos detalles debían cumplirse con precisión. Se conservaba la estatua durante los días que duraba la fiesta, durante los cuales el faraón evocaba la muerte de Osiris cortando una mata de trigo mientras que un toro blanco, consagrado a Min, era llevado en procesión antes de ser inmolado.

Durante el mes de Kohiak tenía lugar la más importante de las fiestas en honor de Osiris, cuando las catorce ciudades -o según otras versiones, dieciséis- donde Isis había encontrado los trozos del cuerpo de su esposo construían estatuas del dios. Los sacerdotes las llevaban al templo de Sokaris-Osiris, donde se celebraban los misterios más solemnes. Luego, las estatuas eran encerradas en la necrópolis, el mismo día en que comenzaban los trabajos de labranza.

La solemnidad se dividía en tres fiestas o etapas: la primera de ellas era la salida del dios Upuaut, que partía en socorro de su padre (Osiris): el fiel servidor defendía la barca del dios y luchaba contra sus enemigos, en un recordatorio de las gestas cumplidas por el dios cuando regía el país. La segunda fiesta, la principal, incluía el duelo de Osiris. Una gran procesión llevaba la imagen del dios hasta su tumba en Peqer, y se cantaban himnos que recordaban su asesinato a manos de Seth. La fiesta siguiente conmemoraba el triunfo de Osiris, el día del gran combate en el cual son vencidos sus enemigos antes de ser abatidos sobre las aguas de Nedit. Osiris, resucitado, subía a su gran barca que "transportaba su belleza irradiante" y todo el pueblo estaba jubiloso viendo el esplendor de la barca que llega a Abydos para retornar a Osiris a su palacio. El entierro del dios difunto se celebraba al mismo tiempo que esta fiesta, al final del periodo de inundación, con el fin de recordar que este divino guardián retomaba el poder temporal en la persona de su sucesor.

Paralelamente a estas evocaciones dramáticas que se representaban ante una gran concurrencia, otras ceremonias secretas, los misterios, se cumplían en ciertas salas más retiradas de los templos, sin la presencia del pueblo. En ellas tomaban parte los sacerdotes, y en tiempos posteriores se admitía la presencia de otras personas, iniciadas con antelación, que debían guardar absoluta reserva sobre el desarrollo de dichos misterios.

El advenimiento de Horus también formaba parte de las festividades, en la estación Peret -la siembra-, en el mes de Tybi. Correspondía a las fiestas de coronación real y del jubileo, cuyo significado tiende a identificar al faraón con el dios Osiris. Durante las mismas, se erigía el pilar Djed de Osiris para presidir la celebración. La fusión de estas dos grandes fiestas puede explicarse por la continuidad del ka real divino, que es la del mito inspirador de la historia. El ka, en tanto mito, es el principio fijo, pero el faraón, en tanto historia, no es nunca el mismo. Un calendario grabado en los muros del santuario de la diosa Hathor en Denderah, describe el desarrollo de las fiestas de Osiris.

Los panegíricos osirianos comienzan el día en que Osiris, el monarca bienhechor que reinó en los orígenes de la civilización, fue capturado y muerto por su hermano Seth. Ese día (el 12 kohiak), se deposita en un molde con forma de imagen divina una pasta de arena y cebada que se regará diariamente. Numerosos son los actos rituales de los días sucesivos y estaría fuera de lugar el retrasarlos: unción de la santa imagen, tejido de telas en su honor, procesión náutica por el lago sagrado del santuario.

Finalmente (el 25 kohiak) la imagen de Osiris es piadosamente enterrada. Entonces se produce el milagro. Sobre el túmulo funerario han sido plantados unos árboles, y ahora se puede proclamar: "De la misma manera que el árbol se torna verde, así la tierra se torna verde y Osiris rejuvenece". No hay pues, muerte. Osiris y la naturaleza en su totalidad así lo atestiguan al hombre. Un pesado pilar, el Djed, es erigido entonces alegremente (el 30 kohiak) en Busiris, para simbolizar la resurrección del dios.

Aunque Abydos siempre fue el centro principal del culto a Osiris, las grandes celebraciones del mes de Kohiak, el cuarto mes de la crecida, también se festejaban en muchos otros templos y en todos aquellos lugares considerados tumba de Osiris. Durante estas fiestas volvía a reconstruirse el asesinato y posterior revivificación de Osiris. Son numerosas las tumbas de Osiris, los lugares donde se habían encontrado las diferentes partes de su cuerpo. En Abydos se había encontrado la cabeza, por lo cual se consideraba la ciudad más santa.

 

3.- La estela de Ikhernofret.-

El texto más antiguo que describe el Festival de Abydos es una estela del Museo de Berlín, que data del Imperio Medio, perteneciente a un encumbrado oficial que detentaba el puesto de jefe del tesoro del faraón, cuyo nombre era Ikhernofret, quien vivió bajo el reinado de Sesostris III. Las fuentes faraónicas son discretas hasta el punto de la irritación en dar detalles de la leyenda de Osiris, tal y como era representada en el festival de drama anual en Abydos, sin embargo, Ikhernofret da un vistazo de los "misterios" del dios, con un particular enfoque autobiográfico.

Este oficial había sido comisionado por el rey para usar oro nubio en la decoración de la estatua del culto de Osiris en Abydos. El texto muestra la preocupación personal del rey en la puntual ejecución de sus órdenes, lo que se manifiesta en una carta dirigida al subordinado recordándole sus obligaciones, además de los compromisos económicos contraídos para llevarlas a cabo. Según la estela, Ikhernofret cumplió cabalmente todas sus instrucciones, construyendo además un nuevo santuario para la estatua del dios, tallado en madera de cedro e incrustado de oro, plata, bronce y lapislázuli. Para el drama ceremonial la estatua y el santuario fueron trasnportados en barcas simbólicas llevadas en hombros por los sacerdotes. Ikhernofret supervisó personalmente la construcción del bote especial del dios denominado "neshmet". En la representación del drama ritual, él mismo defendía, según sus propias palabras, de los ataques del enemigo a bordo de la barca neshmet del dios.

El desarrollo del festival descrito en la estela consta de las siguientes etapas: Procesión de Uepuauet: Uepuauet o Upuaut era una antigua deidad canina, asimilada al chacal, proveniente del Alto Egipto. Identificado con Anubis por su papel funerario, su nombre significa "el abridor de caminos", ya que su misión consistía en abrir a los difuntos el camino al más allá. En el festival actuaba como el heraldo o campeón del dios, ya que según el mito, era hijo de Osiris y Neftis, y daba comienzo a los misterios de su padre presidiendo una procesión o viaje ceremonial. Durante la misma, Ikhernofret defienda la neshmet del ataque de sacerdotes que simbolizan los enemigos del dios, lo que constituye un punto focal del drama.

Procesión funeraria: Luego, el santuario de Osiris es llevado en otro bote, en una procesión funeraria, desde su templo del sudoeste a una tumba simbólica en una región llamada "Peqer". La costa de Nedyet es el nombre del lugar donde los oponentes de Osiris son destruidos, el lugar donde el dios fue muerto por Seth.

Regreso al templo: Ikhernofret organiza el santuario y los botes para ser llevados a la "gran barca" y trasladados a lo largo del Nilo de regreso al templo de Abydos, dentro del cual el dios es llevado en su neshmet para las ceremonias finales de purificación.

 

4.- El desarrollo de los misterios.-

Plutarco dice que la representación de los misterios es un invento de Isis como lección de piedad y consuelo para mujeres y hombres que pasarán por lo mismo que el dios, esto es, la muerte y la resurrección. Su desarrollo tiene numerosos personajes y la puesta en escena es muy importante. Parte de dichos misterios de representan frente al público, y parte de ellos en el interior del templo. Según esto, se dividen, en dos categorías: los públicos y los secretos.

En los monumentos se observa la representación directa de la escenificación de la muerte de Osiris, ejecutada por el rey. La procesión, el enfrentamiento entre los partidarios de Osiris y Seth, la resurrección. Estas escenas movilizan a gran parte de la población como luchadores en los combates o bien como comparsas en otros espectáculos. El curso de los dramas incluye, además de estas representaciones con el concurso del pueblo, otras ceremonias más secretas, en las cuales los sacerdotes representan los roles de los distintos miembros de la familia de Osiris. El drama más solemne y secreto, representado en el lugar más santo del templo, donde se encontraba la estatua de la divinidad, comprende veinticuatro escenas que se suceden en cada hora de la noche y del día, pero se trata más de un ritual o ceremonia que de un verdadero drama.

El desarrollo de los misterios tiene tres episodios, según lo descrito por Ikhernofret en su estela autobiográfica. Upuaut, el dios cuyos atributos son la maza y arco, símbolos de su carácter guerrero, abre con su estandarte la procesión real. Es el "guía de los dioses" y se identifica asimismo con Horus en su papel de hijo del dios. Precede no sólo al rey sino también a Osiris. Ciertas consideraciones especulativas relativas al misterio de Osiris en Abydos y al simbolismo de resurrección que contiene, movieron a muchos devotos egipcios a grabar en sus lápidas el deseo de "ver la belleza de Upuaut durante la primera procesión", así como a realizar el deseo de ser enterrados en Abydos, la ciudad santa de Osiris. Finalmente, el dios Upuaut encabezaba en forma de dos estandartes la procesión funeraria en Abydos y una vez depositados los estandartes en la tumba, velaba al difunto. La procesión se llevaba a cabo con gran belleza y pompa. Upuaut, el campeón de Osiris, "el artífice de los caminos" abría la marcha. Los enemigos intentaban oponerse a la marcha del dios Osiris, pero la procesión llegaba victoriosa al santuario. Durante una segunda fiesta, o un segundo acto, se representaba o más bien se contaba el asesinato de Osiris. Los asistentes se golpeaban el pecho en señal de dolor. Una gran procesión acudía a la tumba. En otra sesión o acto se asistía a la matanza de los enemigos de Osiris y todo el pueblo mostraba su contento cuando el dios resucitaba y volvía a Abydos en su barca nechmet. En Busiris se erigía el pilar osiríaco, la multitud saltaba y bailaba. Unos grupos, representando a los habitantes de dos ciudades vecinas, Pe y Dep, se peleaban para preludiar el advenimiento de Horus.

Es de hacer notar que la sucesión de representaciones no guarda relación con el desarrollo de la historia divina tal como se supone que fue, esto es, en su orden cronológico. Esto podía deberse a las necesidades de la representación global, del calendario, o bien a conceptos teológicos determinados por la clase sacerdotal, algo similar a lo que ocurre hoy en las festividades cristianas, donde casi seguidamente a la celebración de los misterios navideños se representa la pasión y muerte de Jesucristo.

Estas representaciones tuvieron en ocasiones espectadores extranjeros. En Sais, Herodoto presenció escenificaciones nocturnas sobre el lago circular, en las que se representaba con seguridad la toda la pasión, incluido el milagroso viaje de Isis a Biblos y la metamorfosis del dios Osiris en columna. Tuvo ocasión de visitar Papremis, una ciudad al noroeste de Egipto que estaba consagrada a Seth, el dios hermano y asesino de Osiris. Allí fue testigo de una escena similar, lo que no es sorprendente ya que Seth era un dios luchador. Su estatua era sacada de la morada divina en una barca custodiada por los sacerdotes. Cuando llegaba el momento de devolverla a su lugar la instalaban en un carro de cuatro ruedas. Más de un millar de individuos armados con garrotes se abalanzaban sobre el reducido grupo que protegía la estatua. Estos recibían refuerzos y la lucha era terrible, dejando como saldo centenares de ojos morados y cabezas abiertas, aunque la gente de la región fingiera que no era más que un juego. Con ello recordaban que Seth habían querido entrar en casa de su madre a pesar de los criados que no lo habían reconocido. Rechazado, Seth había ido a buscar refuerzos y había apartado a los que se interponían en su camino.

En Ombos, en el Alto Egipto, Juvenal fue testigo de una representación análoga, pero menos imparcial que Herodoto y cegado por el desprecio que le inspiraban los egipcios, creyó ver una auténtica batalla entre dos clanes enemigos. Un antiguo odio, dice, separa a las ciudades de Ombos y Tentira, pues cada una de ellas repudia a los dioses de la otra. Una de las ciudades estaba en fiestas. Se habían preparado mesas y lechos para siete días, y se bailaba al son de la flauta. Entonces los habitantes de la otra hacían su aparición y enseguida comenzaba la lucha a puñetazos, luego a pedradas y al final con flechas. Los tentiritas huían dejando a uno de los suyos en el suelo. Los ombiritas lo cogían, lo despedazaban y se lo comían crudo. En realidad Ombos, llamada Nubit por los egipcios, era una ciudad de Seth, y Tentira era dominio de Hathor. En varias provincias de la región se había asistido a luchas entre la madre de Horus y los suyos y el dios asesino de Osiris. Pero se trataba de batallas en las que lo más común eran los gritos más que el daño real.

 

5.- Las lamentaciones de Isis y Neftis.-

El papiro de Berlín 3008 contiene "Las lamentaciones de Isis y Neftis", texto que presenta la particularidad de poseer al final un conjunto de instrucciones para su uso, de la misma naturaleza que las indicaciones escénicas de las modernas obras de teatro. Se trata de un texto que debe recitarse por dos mujeres personificando a las dos diosas, y una pequeña descripción en el margen inferior de la columna cinco indica que las dos deben estar sentadas en la tierra, sosteniendo cada una un vaso y un pan de sacrificio.

El texto pertenece asimismo a los rituales de Osiris representados en los templos, pero se incluyó posteriormente en el "Libro de los Muertos" adaptándolo al servicio funerario de una persona, como asociación de cada muerto con Osiris. Se parece también a un trabajo más largo que figura en el papiro Bremner Rhind, conocido como "Las canciones de Isis y Neftis", del siglo IV a.C., claramente escrito para las representaciones en los templos de Osiris en ciertos días festivos. Una comparación de ambos trabajos muestra que el más corto, las lamentaciones, no son un compendio del otro, sino una versión diferente. Cabe señalar que el texto posee otras indicaciones que llamaríamos escénicas, como la indicación de las partes del diálogo con la frase "Isis (o Neftis) habla, ella dice...", y detalles importantes acerca del vestuario, la luz del día y otros objetos que deben utilizarse.

 

6.- Investigaciones acerca de la existencia del teatro y del género dramático.-

Los diversos investigadores y egiptólogos que han estudiado o mencionado el tema, tienen opiniones encontradas acerca de la existencia del género dramático en el antiguo Egipto. Según la interpretación de las diversas fuentes y hallazgos, se hallan opiniones tanto a favor como en contra de la existencia de dicho género literario.

Drioton comparó las representaciones en bajorrelieve de los dramas con los textos, y consideró que, además de los personajes aparece un lector, un coro y líneas que deben decir los espectadores junto con el coro.

Gardner Wilkinson, por el contrario, sostuvo que aunque se cree que los egipcios eran aficionados a la bufonería y a la gesticulación, no parecen haber tenido espectáculos públicos que puedan decirse parecidos al teatro. La escena parece haber sido un invento exclusivamente griego, y a los entretenimientos dramáticos, originalmente de dos clases, comedia y tragedia, se añade la pantomima. La gente común en Egipto tenía ciertamente canciones jocosas acompañadas de mímica y gestos extravagantes, que provocaban reacciones risibles en los espectadores y extemporáneas salidas de ingenio, como las que se encuentran en antiguos versos itálicos. Su objeto era provocar una réplica rápida de aquel a quien se dirigían o suministrar una si aquella no era respondida.

Continúa expresando que conocían el arte de la bufonería, y que hacían uso de grandes sombreros de hojas de palma, frecuentemente adornados con borlas o colas de zorro. Conocían también los versos alternados, para dos ejecutantes o actores quienes danzaban y cantaban recitando al monótono sonido de tambores. También conocieron los músicos callejeros que, trashumando de pueblo en pueblo danzaban en las calles para divertir a los que pasaban por allí. Y ocasionalmente tomaron posición en las grandes mansiones y hasta en el palacio del faraón, pero se trataba en su mayoría de extranjeros o enanos que utilizaban sus defectos físicos para provocar la hilaridad de la concurrencia.

Kemp señala que el papiro dramático del Ramesseum, que data del reinado de Sesostris I (1971 a.C.), contiene cuarenta y seis escenas dramáticas, ilustradas por treinta y un dibujos, e incluye instrucciones para la realización de actos rituales, acompañadas por notas sobre su significado místico. Asimismo, expresa que la cultura popular se servía de la música, los relatos orales y la danza, pero se han perdido para nuestros tiempos, y al no quedar vestigios de los mismos, se ignora si dichas manifestaciones artísticas incluían o no representaciones o dramatizaciones. Quedan escasos relieves que representan bailarines y acróbatas, e interpretaciones de cantantes y músicos. Pero a partir de ellos no se puede reconstruir el espectáculo original, y mucho menos afirmar que constituían un conato de representación dramática. Padró menciona la existencia de obras de género dramático en el Imperio Medio: se trata de pasajes de auténticos dramas sagrados, incorporados más tarde a los "Textos de los Sarcófagos". Si bien considera que su fragmentación impide juzgar con más precisión acerca de los mismos, este investigador concluye que, de cualquier forma, se posee en ellos indicios de representaciones dramáticas tanto en los textos de los misterios ejecutados en los pilonos de los templos, así como en la estela del actor hallada en Edfu.

Según Montet, cuya opinión acerca de la existencia del género dramático en Egipto es contundente, las salidas de los dioses no se hubieran prologado durante tantos días, ni hubieran atraído a tanta gente, si el o los organizadores de la ceremonia no hubieran sido capaces de diversificar el espectáculo. A la larga, el pueblo se hubiera cansado de contemplar un navío completamente dorado e incluso de bailar al son de un tamboril. Para avivar el interés del pueblo, los organizadores habían pensado en representar los acontecimientos más destacados de la vida de los dioses o, mejor aún, que estos acontecimientos fueran representados por los propios peregrinos. Para ello se contaba con la ventaja de que todos los egipcios sabían que Osiris había sido un rey benefactor y que Seth lo había asesinado y arrojado al Nilo, cómo había llegado el cadáver hasta Biblos y cómo había vuelto, al igual que conocían todos los sucesos posteriores. Por consiguiente, todos estaban interesados en la representación de un drama donde muchos podían desempeñar el papel de comparsa dejando para los profesionales los papeles más importantes.

Las representaciones osiríacas alcanzaron su máximo esplendor en Abydos y en Busiris, centro de culto de Osiris. Los trajes, el decorado, los accesorios, todo era preparado por los funcionarios con minucioso cuidado, llegando incluso a contar con instrucciones precisas del propio faraón. En todas las provincias y ciudades, la liturgia, así como las leyendas locales, aportan un amplio repertorio dramático. Si se considera únicamente el lujo de los templos, o el número de sacerdotes y oficiantes que participaban en las ceremonias, no se puede llegar a la cabal idea de lo dado que era a las críticas el pueblo egipcio. Debe considerarse la totalidad del esfuerzo aplicado al éxito de estas representaciones sagradas. La crítica no perdonaba ni al faraón ni a los dioses: el faraón, ese dios terrenal al que los egipcios sólo podían acercarse temblando, es ridiculizado en algunos cuentos e historias, al igual que a los dioses, que muestran en sus peripecias los mismos defectos y vicios que la humanidad. En los dramas populares que se representaban en los templos dentro del recinto, ante los pilonos, en los estanques sagrados, también se trataba de manera muy familiar a los dioses. El pueblo imitaba los episodios de las leyendas divinas y hacía hablar a los héroes y a los dioses, y se familiarizaba con sus hechos y dichos al verlos representados, aunque el pueblo ya conocía muy bien las historias. Cabe mencionar que los días fastos y nefastos del calendario, para citar un ejemplo, se debían generalmente a un acontecimiento fasto o nefasto que le había ocurrido a algún dios.

Montet reconoce que no ha llegado hasta nosotros ninguno de estos dramas egipcios, por lo que debemos limitarnos a algunos textos, como el papiro dramático del Ramesseum, nuevamente copiado por Sabacon según un antiguo original, que conserva el título de algunas escenas y algunas réplicas o fragmentos de conversaciones transcritos sobre escenas de la vida privada en las tumbas, principalmente las del Imperio Antiguo. Pero la existencia del teatro puede considerarse, no obstante, como cierta, sobre todo desde que el Instituto Francés encontró en Edfu la estela de un cómico de oficio que se expresa de este modo: "Acompañé a mi amo en sus giras, sin fallar en la declamación. Le di la réplica en todos sus parlamentos. Si él era dios, yo era soberano. Si él mataba, yo resucitaba". Estas representaciones teatrales eran, sin duda, uno de los grandes atractivos de aquellas fiestas, que se prolongaban durante muchos días sin aburrir al pueblo egipcio.

 

7.- Influencia del drama egipcio en el surgimiento del drama griego.-

La tragedia nació en Grecia del ditirambo, canto del culto de Dionisos, en que se daban a conocer los hechos de la vida del dios, su nacimiento maravilloso, su crianza entre las ninfas, sus peregrinaciones, persecuciones y victoria final sobre sus enemigos. Tiene su inicio en el fomento de los cultos a las divinidades Ceres y Dionisos, relacionadas con las tareas de agricultura relativas al cultivo de los cereales y de la vid. Los coreutas campestres se vestían para ello con pieles de macho cabrío, al modo que se imaginaban los sátiros del séquito del dios. Pos eso se les llamó tragoi, esto es, machos cabríos, y de ellos recibió aquel canto su nombre, tragedia. Con el tiempo se insertaron elementos heroicos, introduciéndose además los recursos de las máscaras y el contestador o dialogante, que se oponía al coro. El inicio del género se sitúa alrededor del siglo VI a. C.

El surgimiento de ambos géneros dramáticos presenta algunas características en común que pueden atribuirse, ya a las similares condicionantes que los hicieron surgir, ya a que uno de ellos -el más antiguo, en este caso, el egipcio- influyó poderosamente en el nacimiento del otro.

En primer lugar, la representación dramática surge como parte del culto a un dios relacionado con la agricultura. El dios Osiris, dios de la vida y de la muerte, está íntimamente ligado a todo lo referente al ciclo de la vida, la inundación anual del Nilo y su relación con la siembra y las cosechas. Dionisos, por su parte, también está ligado a un aspecto de la agricultura muy importante en Grecia, como lo era el cultivo de la vid.

En segundo lugar, la génesis del drama sagrado se desarrolla de una manera similar. Se comienza con recitado de textos sobre los hechos de la vida del dios, para luego agregar música, danza, vestuario apropiado, y posteriormente el uso de diálogos y representaciones más elaboradas que incluyen coros y diversos personajes. Es de hacer notar que en Egipto se hacía participar a los peregrinos en las representaciones sagradas, mientras que en sus similares griegas éstas se ejecutaban únicamente por los oficiantes, cuyo papel pasó más tarde, en las representaciones teatrales posteriores, a los actores y al coro, sin intervención del público.

Por último, entre los viajes y vicisitudes de Dionisos antes de llegar finalmente a Grecia, se cuenta un viaje a Egipto, que, al igual que el que realizarían muchos sabios griegos en diversas épocas, presupone una corriente cultural que llevó a Grecia, entre otros muchos aspectos del saber y la sabiduría, los caracteres ceremoniales del culto de Osiris.

 

8.- Conclusión.-

De lo expuesto puede concluirse, sin duda, que el Antiguo Egipto conoció diversas formas del género teatral o dramático, los que, si bien no constituyen el drama tal como se conoce en la actualidad, sí están a la par de lo que fue el surgimiento de dicho género en otras civilizaciones. La representación de rituales y ceremonias sagradas en honor de la divinidad como paso previo a la representación de otros temas -heroicos o profanos-, es un paso en la evolución dramática que se cita comúnmente como causa del surgimiento del teatro. Paso que, necesariamente, dio el teatro griego, cuyo nacimiento prefigura el nacimiento del teatro universal, y que, como otras ramas del conocimiento, del saber y del arte, debe haber tomado muchos elementos de la civilización egipcia.

 

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