34
- EL CAOS Y EL ORDEN
por NELSON
FERNÁNDEZ
I. PROLEGÓMENOS.
Puede
sostenerse, atendiendo a la situación que presentan los restos literarios y
monumentales, que la egipcia era una religión politeísta, resultado de la fusión
de un gran número de cultos tribales(1), con origen totémico(2), que, con la
progresiva adopción de características antropomórficas, con atributos y
actividades humanos(3), conservando la primitiva forma animal de las deidades,
adquirió una doble naturaleza, que absorbió una intrínseca contradicción, puesto
que, si la iconografía mantiene rasgos aparentemente politeístas, debido a la
acción de tendencias conservadoras, va manifestándose una visión henoteista, al
declarase que la deidad venerada es la única y suprema; escribe KEMP que "por
los datos de que disponemos, es muy obvio que la intervención intelectual modeló
la religión egipcia, removiendo el caldero de la tradición y echándole nuevos
ingredientes, durante largo tiempo" (4); los sincretismos y la evolución de la
piedra benben, lugar de origen del sol primordial, en la cosmología de
Heliópolis, todavía honrada por Ajnatón, en postura arcaizante, hasta asumir la
forma del rayo petrificado en la pirámide monumental o colocada sobre los
santuarios de campaña, son índice elocuente de que la manutención de las ideas
tradicionales no implicaba su inmovilidad.
II. PRESUPUESTOS.
Si
en el origen de la visión del mundo se encuentra el caos -que no brindaba,
siquiera, un sitio donde el demiurgo pudiera estar de pie y proclamara el nombre
de todo lo existente (y también, de los dioses), en el acto de creación -"no
había sido proclamado el nombre de cosa alguna", dice el papiro de Berlín- que
es lo único que puede concebirse como único e indiferenciado, pronto la
actividad divina pondrá a marchar su obra, con la que nacerá el conflicto, la
disputa y, con ésta, desplegará su eficacia el equilibrio, el orden, la regla
que permite que cuanto hay en el mundo mantenga la armonía que dispuso el
creador en el comienzo(5); de ese caos original, el sol, en la cosmología de
Heliópolis, las parejas de rana y serpiente, llamadas por Thot, en el mito de
Hermópolis, o Ptah, en Menfis, harán surgir su obra, de acuerdo a un orden
querido y que se conservará, aun con crueldad, de modo permanente (el mito de
Hathor, como el ojo que devora a la humanidad insumisa es elocuente): el faraón
lo encarna y es el responsable de su ejecución -Snofru es el señor de Maat,
Userjaf, el realizador de Maat y el visir, como juez supremo, su profeta (6).
Es el sol, por su cíclico renacer,
luego de vencer a las fuerzas malignas, el paradigma representado en la tumba de
Tutmosis; o la lucha de animales de la paleta de los canes, o el personaje que
separa las fieras en la empuñadura del cuchillo de Jebel el Arak, la traducción
gráfica de ejercicio de la regla(7). Y comienza, también, la diferenciación de lo creado y su incesante
complementariedad, traducida en el dualismo, característico del pensamiento
egipcio; la idea de relatividad que explica la propia existencia, porque sólo el
caos carece de ella y es, en cierto sentido, absoluto.
III. EL LOGOS.
Dioses
y hombres, son la suma de corazón y boca y ésta impone la orden de ser a lo que
el otro concibe -"en el corazón de Ptah y sobre la lengua de Ptah vino a la
existencia la imagen de Atum"; la orden concebida por el corazón y exteriorizada
por la lengua no cesa de dar forma a la representación de cada cosa" (8)- :
Ajtoés dirá que la lengua es la espada del rey, Keti, que el poder de un hombre
está en su lengua, "las palabras son más fuertes que el combate " y pudo decirse
de Sesostris III que su lengua reprimía a los
extranjeros.
Infundir
la vida y mantener en existencia, son obra de la palabra y la peculiar
predilección que se tributa al nombre -el ren- conlleva a imaginar a Atum,
manifestando que creó a los hombres de sus lágrimas, a partir de la similitud
fónica de los vocablos(9); la persona se mantiene en vida o se extingue, de
acuerdo a las vicisitudes por las que pase su nombre y la execración a que se
expuso al faraón hereje durante dos generaciones, se plasma en el epíteto
"enemigo" (10) .
De
una situación en la que nada existía, surge "sin que haya sido dado a luz", el
demiurgo, que llama a la vida, por su nombre, a dioses y hombres (unos, surgen
de su palabra, los otros, de su
ojo, de acuerdo al himno de Atón): se observará que, más allá de que pudiera
sostenerse la raíz monoteísta de la concepción, subyace, en razón de la
intrínseca relatividad, la idea de que esa divinidad primordial, surgida de lo
absoluto, se califica por su actividad creadora, no por su individualidad,
variable, de acuerdo al culto concreto, tiene un origen, difuso, pero verdadero
("venido a la existencia de sí mismo", según el Libro de los Muertos) y es padre
y madre de las restantes, ellas, indudablemente, creadas, finitas, porque mueren
pero renacen indefinidamente: la imagen del dios anciano, de boca temblorosa y
babeante, de cuya saliva aprovechará Isis para formar una serpiente con la cual
atormentarlo y lograr que exprese su nombre secreto, es una visión muy elocuente
de su sumisión al decurso del tiempo, calculado y distribuído por Thot, quien
fija sus límites.
IV. LOS DIOSES.
El
vastísimo panteón, encubre una realidad muy dinámica: cada dios local se declara
único y omnipotente, mas de maneras variadas se asegura su identidad con otros :
Sopdu, del nomo arábigo, Hemen de Asfinis, Anti de Anteópolis, son formas
distintas de Horus, la divinidad de cabeza de halcón (11), Min de Coptos, se
venera como Min-Amón o Min-Horus, en Abidos (12), se conoce la adoración de
Min-Sobek o de Amón-Ra; el sincretismo no implica una identificación de los
dioses, que mantienen su individualidad original, sino una peculiar forma de
coalescencia, "inhabitación"(13) temporal y pasajera, mutua, de la que pueden
participar divinidades de diferente aspecto, de distinto sexo (Neith-Osiris,
Mut-Min, por ejemplo) y que puede ser plural; se crea de esta forma, un nuevo
objeto de culto, ubicado junto a los restantes todo el tiempo que la necesidad
de su veneración lo justifique. En ocasiones, empero, era el nombre la
característica común, mientras que variaba la iconografía, como en el caso de
Hathor, diosa vaca en Dendera y representada por el sicómoro en Menfis
(14).
En
épocas de Amenofis III, comienza a adquirir relevancia un vocablo, libre de
connotaciones antropomórficas y que tendrá enorme importancia bajo el reinado de
su sucesor, Ajnatón, vale decir, el leído como Itn o Atón y al que Suti y Hori,
en su himno, invocan:
Salud a ti, disco del día
que creaste a los hombres y los haces vivir,
y
a quien llaman Horus, Jnum y Amón y del que dicen que es madre, artista, pastor
y establo que hace vivir a su rebaño (15); Ptahhotep pudo recordar, simplemente,
que cuando no se ha realizado la previsión de los hombres, es la orden misma de
Dios la que se ejecuta: "no seas avaro de tus riquezas pues las posees por don
de Dios". Parece como si, en los medios intelectuales, se hubiese entendido la
inmanencia de la divinidad, única por naturaleza aunque variable en sus
manifestaciones exteriores, meras hipóstasis con atribuciones especializadas,
como la tríada Amón, Ra y Ptah, en la que uno es el nombre, el otro, la faz y el
tercero, el cuerpo (16), en un proceso de solarización de los principales dioses
(17) que tiene inicio con la octava Dinastía.
V. EL DIOS.
Bajo
el imperio de Amenofis III, pues, comienza a gestarse una elaboración, atribuida
a influencias orientales, dotada de una mayor libertad en el arte y que renovará
los santuarios tebanos, recurriendo al culto de Atón -de origen heliopolitano- y
a otros, taambién ajenos a Tebas, como el del toro Apis; en el mencionado himno
de Huti y Hor, "tanto el contenido como el estilo, recuerdan tan de cerca al
famoso texto de Ajnatón, que no queda otra conclusión, sino que la revolución
estaba ya en el aire" (18), revolución que se promoverá "desde arriba"(19) en
una tendencia que entronizará al disco solar, sin olvidar a Re, Harakty y Shu,
antiguas divinidades de naturaleza solar y que llegan a sincretizarse con él, en
ocasiones, exteriorizándose la veneración de Osiris y a Sokaris, en un "proceder
meditado (que) parece más bien nacer de un política que planea cuidadosamente
que de un desarrollo interior del rey" (20).
Paulatinamente,
la abundancia de formas divinas, irá tendiendo a desaparecer, bajo la adoración
del dios solar, el viviente, que despliega sus rayos, el principio de la vida
del que el propio faraón es el profeta (21) -"no hay ningún otro que te
conozcca, sino tu hijo Ajnatón"-, quien habría vivido una experiencia personal,
por la cual se le manifestó la revelación (22): la constatación de que Ajnatón
reverenciaba de modo muy particular a Maat, expresada en uno de sus nombres, ha
llevado a negar que se tratara de un monoteísmo puro y a sostener que Atón sería
la divinidad real y el faraón, el dios nacional(23); otros autores, hablan de un
trueque del henoteísmo por el monoteísmo (24). Es importante recordar, con
CASTILLOS, que el término Maat tiene, como se ha visto ya, un valor propio,
encarnado, posteriormente por una diosa, creada por el demiurgo y que su uso, en
el caso concreto, constituiría, "simplemente, una manera de hacer gráfico su
afecto (de faraón) por todo aquello que fuera justo, digno de encomio"(25).
El
fracaso de la reforma -es dudoso que pueda hablarse, con propiedad, de
revolución- no implicó el abandono de alguna ideas, como la del universalismo
religioso, expresado en el sarcófago de Seti I, con la representación de las
razas humanas, creadas por Ra y protegidas por Horus y Rejmet y, tiempo después,
al amparo de la mitología de la unidad de origen de los hombres, se producirá,
nuevamente fundándose en tendencias políticas, una clara tendencia a la
veneración de los dioses mayores -Amón, Ra y Ptah- "los tres conjuntamente" y al
sincretismo de Osiris con Ra, por obra de Ramsés II; "con todo, no cabe atribuir
su éxito sólo a la astucia política, sino también, y quizá fundamentalmente, al
hecho de que satisfacía las necesidades espirituales de la mayoría y no sólo de
una elite de ideas extrañas"(26).
VI. LA CUESTIÓN LÓGICA.
Un
análisis conjunto del fenómeno religioso en el antiguo Egipto, parece
enfrentarnos a una contradicción inconcebible, de acuerdo a los principios de la
lógica occidental, escribe HORNUNG; en verdad, no existe la noción de la
exclusión de las hipótesis contradictorias, sino una especie de complementación
de ellas tal vez, porque "la realidad no se sujeta a la lógica humana", según
JACQ (27); lo absoluto -aquello que excluye cualquier relación- es desconocido y
cada principio tiene una correspondencia simultánea: puede invocarse a un "dios"
único, que aparece como plural en sus parusías, porque, como viviente que es,
conlleva en sí la idea de la diferencia, esencialmente dinámica; sólo el caos
primitivo es absoluto, porque, en realidad, nada es. Lo creado, luego que fue
proclamado su nombre, está diferenciado, pero los dioses múltiples son, para el
devoto, en el preciso momento de invocarlos, el único y sin igual, como
Nefertum, Mut o Sekmet, el más grade de los grandes dioses, como Jonsu, el tres
veces grande, como Thot, o la más grande, cual Isis, porque se dirige a una
manifestación concreta de la divinidad.
Para
desanudar la aparente contradicción que nuestro razonamiento pretende encontrar
en el religioso egipcio, es menester renunciar al principio lógico del tercero
excluido, porque ese pensamiento se funda, como toda manifestación intelectual
de su genio, sobre el dualismo (el país como las dos tierras, el espacio, como
el cielo y la tierra; Osiris es "el primordial de las dos Tierras en común", lo
que equivale a decir sobre lo vario: lo divino, vale cuanto lo diferenciado que,
como todo lo que existe tiene un fin, del que renace, cíclicamente; fuera de la
solución de continuidad amarniana, lo básico es admitir que, como creados que
fueron, los dioses devienen constantemente, a fuerza de su relatividad y, por
ello, sus templos nunca se consideran concluidos (28) y, para el devoto,
importan una fuerza concreta y definida, impregnada de la inmanencia divina, que
no comparten con ningún otro.
Los
conceptos que se manejan de ordinario para calificar una religión no encuentran
aplicación; bajo el sutil entramado
de mitos y formas extrañamente peculiares -"compuestas" de hombre y aniimal,
"grotescas"(29)- se traduce una Weltanschauung característicamente completa y en
constante mutación, carente de toda trascendencia, porque lo vivo no puede ser
absoluto; pero, decididamente, el misterio en torno a la hermenéutica del
término empleado para designar al dios -ntr, nachar- representado por una vara
envuelta en una banda de tela o una bandera cultual, jeroglífico que BRODRICK Y
MORTON traducen por "poder" y que equivale al del halcón sobre una percha o a la
figura con barba postiza, empleada como determinativo de los nombres divinos,
permanece y la discusión acerca de su verdadera intelección lejos está de
concluirse pacíficamente (30).
Subyacen,
empero, determinados aspectos que constituyen un hilo conductor en la tarea de
descifrar esa visión del mundo, amén de la relatividad del concepto de unicidad
de lo divino, aunque íntimamente relacionados con éste, como el de la androginia
del creador -Ptah como padre y madre de los dioses, Opet, que puso en el mundo a
los dioses y engendró la luz de Tebas, actividad ésta, característica del varón
(31)- o del elemento vivificante, el Nilo, mitad hombre y mitad mujer; se dice
de Tanen, la señora de Sais, que es aquella
cuyos dos tercios son masculinos
y un tercio femenino;
diosa inicial misteriosa y grande
que empezó a ser al principio
e inauguró todo
en
una relación de complementariedad armónica necesaria en el demiurgo: la vida, en
sí misma, nace y se desarrolla por la conjunción de dos principios, opuestos,
que se unen, para lograr algo completo: lo creado; se venera a Ptah, sin
embargo, como el que
ningún padre te engendra durante tu
manifestación,
ninguna madre te da a luz.
Intuición
genial, que no excluye la racionalidad de su fundamento: la fuente de vida
resume en sí los principios que la constituyen .
NOTAS
1)GARDINER,
Alan, La civiltà egizia, Einaudi, página 197.
2)DEL
CASAL ARETXABALETA, Begoña, Hatschepsut, Aldebarán, página 199; en contra,
GRIMAL, Nicolás, Historia del antiguo Egipto, Universitaria, página
48.
3)GARDINER,
obra citada, página 197.
4)KEMP,
B.J. El antiguo Egipto, Crítica, página 114.
5)MAAT,
"es la verdad y la justicia personificadas" en su manifestación divina, "pero
más aún, ya que la palabra...significa orden y ley, moral y física"
(BRODRICK,M.Y MORTON A.A., Diccionario de Arqueología egipcia, D.M., vox ib.);
el término se utilizaba para referirse al estado ideal del universo y de la
sociedad, según TRIGGER, B.G., KEMP, B.J., O'CONNOR, D. y LLOYD, A.B., Historia
del Egipto antiguo, Crítica, página 102. RA, concilia en la armonía a los dos
señores para ti (Textos de las Pirámides).
6)GARDINER,
obra citada, página 98.El rey zanja el conflicto, cercena a los que provocan el
desorden" (Textos de las Pirámides).
7)TRIGGER
et alii, obra citada, página 104; Amenemhat dirá de sí mismo que domesticó a los
leones y los cocodrilos, LALOUETTE, Claire, La sabiduría semítica. Del antiguo
Egipto hasta el Islam, Edaf, Ensayo, página 167; y Sesostris I, que Harakhti lo
"creó para que hiciera lo que él había hecho, para que llevara a cabo lo que se
hiciera. Me nombró pastor de esta tierra, porque sabía que la mantendría en
orden para él" (TRIGGER et alii, página 102).
8)Thot,
el venerable, que crea toda cosa, lengua y corazón, expresa lo que existe,
elaborado por el corazón y salido de la lengua, reza un texto de
Edfú.
9)LALOUETTE,
obra citada, página 26; HORNUNG, Erik, lo uno y lo múltiple, Trotta, página 129,
nota 2; DAUMAS, Francois, La civilización del Egipto faraónico, Optima, página
248.
10)GARDINER,
obra citada, página 214; en un himno a Amón se expresa, "desgraciado quien te
ataca"... "que sea aniquilado quien cometa un crimen contra ti, sea donde
fuere".
11)GARDINER,
obra citada, página 197.
12)KEMP,
obra citada, página 112; en el Libro de los Muertos, se asocia a Osiris con
Ra.
13)HORNUNG,
obra citada, página 88; el sincretismo de Amón y Ra se conoce desde la Undécima
Dinastía, DEL CASAL, obra citada, página 201; "los dioses de Occidente te hacen
ofrendas, los dioses de Oriente, te veneran. La enéada de los dioses del
Horizonte de adora", pregonará de él, Hatshepsut.
14)GARDINER,obra
citada, página 197.
15)
DAUMAS,obra citada, página 255; GARDINER, obra citada, página 200; HORNUNG, obra
citada, página 225.
16)DAUMAS,obra
citada, página 255.
17)GRIMAL,
obra citada, página 244; a partir de la Sexta Dinastía, al reconocerse al sol
como el creador, fue posible ver a cualquier dios demiurgo como una apariencia
solar y se favoreció el sincretismo, cfr. HORNUNG, obra citada, página 89; en un
manuscrito proveniente de Tebas, Ptah asume caracteres solares:
brillante,
que mantiene la vida de los dioses,
radiante,
que se levanta en el horizonte,
que
ilumina el Doble País con su gracia, señor de la luz,
brillante
de esplendor al levantarse de tu ojo,
viviente
que abre las tinieblas, disco solar que resplandece.
Se
remonta a la Quinta Dinastía, ELIADE, MIRCEA, Tratado de Historia de las
Religiones, página 137.
18)GARDINER,
obra citada, página 224.
19)HORNUNG,
obra citada, página 224.
20)HORNUNG,
obra citada, página 225; "su revolución fue llamada henoteísmo, monolatría y aún
monoteísmo. Como quiera fuese, su dimensión política es clara: los poderosos
sacerdotes y servidores de Amón, eran desposeídos, de esta forma, de sus grandes
privilegios", expresan ELIADE Y CULIANU, en el Dictionar al religiilor,
Humanistas, página 128.
21)CASTILLOS,
Juan José, El hombre y la religión, Maat, página 76.
22)DAUMAS,
obra citada, página 259;
"no
hay nadie que te conoce
sino
tu hijo, Nebjeperure Uaemre,
pues
le has enterado de tus propósitos y de tu poder"
23)CASTILLOS,
obra citada, página 75.
24)HORNUNG,
obra citada, página 266.
25)CASTILLOS,
obra citada, página 75.
26)VIDAL
MANZANARES, César, El hijo de Ra, MIR., página 155.
27)JACQ,
Christian, Poder y sabiduría en el Antiguo Egipto, Planeta páginas 73-74;
relacionado a distinta temática, pero expresando conceptos adaptables a lo aquí
expuesto, dice ELIADE que "la aparente pobreza conceptual de las culturas
primitivas, implica, no una incapacidad de hacer teoría, sino su pertenencia a
un estilo de pensar netamente diferente del "estilo" moderno fundado sobre los
esfuerzos de la especulación helénica" (obra citada, página 55). Algo similar se
plantea al estudiar el pensamiento chino, respecto del que se ha escrito que
"Oriente ignora el concepto, porque se contenta con hacer coexistir el vacío más
abstracto y el ente más trivial, sin mediación alguna", tal vez, porque "la
fuente está por definirse, indeterminada, sea china, árabe o india. Pero, he
aquí el episodio griego, los griegos tuvieron el privilegio de llamar a la
fuente, el ser" (DELEUZE y GUATTARI, retomados por CHENG, ANNE, Histoire de la
pensée chinoise, Seuil, páginas 29 y 33). Se enlaza aquí el fenómeno, que
también actúa en la lengua egipcia, de la ausencia del verbo propiamente
copulativo.
28)HORNUNG,
página 235; DAUMAS, obra citada, página 284. Si nos referimos a Egipto la
referencia fundamental es el perpetuo resurgir de lo divino, escribe el autor en
la obra citada, página 82.
29)Según
ELIADE y CULIANU, numerosos dioses tiene formas animales, cosa que no implica
devoción a los animales, sino probablemente, el reconocimiento de una alteridad
esencial, más profunda, o la intelección de estructuras arquetípicas de las
esencias (obra citada, página 125).
30)Los
autores se deciden por sostener que existía una inclinación monoteísta en el
autor que emplea el término (obra citada, vox religión): tal uso se verifica en
la literatura sapiencial; evita la
cuestión, HORNUNG, obra citada, página 42; WALKER, Martín, se inclina por
afirmar el henoteísmo (Historia del Antiguo Egipto, Edimat, página
205).
31)JACQ,
obra citada, página 87.
PRESIONE AQUÍ PARA IR A LA PÁGINA PRINCIPAL