«"Escribidor" tiene una connotación peyorativa. Los escritores de mi películas son más escribidores que escritores: uno es un rudimento, un comienzo de escritor, y el otro es como una parodia de escritor. Además, da una cierta connotación risueña a la historia, que es un poco el tono en que está narrada la novela»
Mario Vargas Llosa, El Comercio (Lima), 31 de julio de 1977.
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LA TÍA JULIA
Y EL ESCRIBIDOR (1977) La tía Julia y el escribidor es, ante todo, un libro divertidísimo, fuertemente autobiográfico pero al mismo tiempo imaginativo hasta la carcajada. El personaje central, "Marito" o "Varguitas", un joven "medio intelectual" con problemas familiares, se educa para ser hombre y escritor en la Lima neblinosa y casi inocente de los años cincuenta. Si en Pantaleón y las Visitadoras (1973) Vargas Llosa había aprendido a tomarle el pelo a ciertas solemnidades nacionales, en La tía Julia... entronca con los grandes clásicos de la picaresca y de la sátira al aprender a tomárselo a sí mismo. Pero, como suele ocurrir en las grandes comedias, detrás de la insigne y finalmente enloquecida huachafería del escribidor Pedro Camacho -autor de radioteatros y personaje clave en la novela- se evidencia una reflexiva indagación sobre la literatura, sus parámetros, su obsesividad y su sentido. Mientras el delirante escribidor va desordenando el mundo, el joven Varguitas, envuelto en un apasionado romance, intenta ordenar el suyo. Preguntas como: ¿qué es escribir?, ¿para quién?, ¿para qué?, ¿cómo?, alternan con anécdotas personales que entre sonrisas revelan preocupaciones más hondas, dramas y tragedias que la distancia y la historia han tornado novelescas. En suma, La tía Julia... es un libro pleno de humor, cuya aparente ligereza en realidad termina siendo la profunda revisión autocrítica de un escritor que duda, luego escribe. (PEISA) |
En el simple enunciado de su título, La tía Julia y el escribidor anuncia su rigurosa y simétrica estructura, desarrollada en dos niveles que corren paralelos en perfecta alternancia. Por un lado, la tía Julia, esto es la relación afectiva que pasará a ser amorosa del joven narrador -"Varguitas", el futuro escritor en ciernes- en la Lima de los años cincuenta; por otro, y a modo de contrapunto a la vocación literaria de aquél, las aventuras urdidas por el "escribidor" Pedro Camacho, autor de seriales de radioteatro, en los que una manipulación delirante de la infracultura hispánica, llevada al paroxismo de la más grotesca truculencia por el progresivo deterioro mental de su autor, bombardeará desde las regiones plutonianas de la aberración intelectual los ideales flaubertianos del adolescente que es perplejo espectador -y, finalmente, incluso inesperado sustituto temporal- de la actividad del folletinista de las ondas. La tía Julia y el escribidor se nos aparece como el relato de una educación sentimental que es a la vez el aprendizaje de la vida, el del oficio de escritor y el de los sentimientos adultos y el desarrollo de la propia personalidad en una sociedad concreta cuyas coordenadas se sitúan con certerísima precisión. Al propio tiempo, en su otra vertiente -la historia del escribidor-, la obra constituye no sólo un cuestionamiento tácito de lo jerarquización literaria -Pedro Camacho ¿no es acaso el oscuro aedo de una innominada e ingente masa de seres humanos iletrados?- sino una riquísima y compleja experiencia técnica cuya capacidad imaginativa ejerce una sabia función de contrapunto, al entrelazarse o enfrentarse al plano de la historia real, y nos muestra las extraordinarias posibilidades de la incursión de Mario Vargas Llosa en una zona nueva de su registro narrativo. (Alfaguara) |
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PRINCIPALES EDICIONES:
PREMIOS:
ANÉCDOTAS:
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Julia Urquidi Illanes, que como cuenta en su libro había recibido la novela con sentimientos encontrados, termina de enfurecerse al enterarse del rodaje de una telenovela en Caracas basada en la historia de Varguitas y ella, donde se le presentaba como "una seductora de menores". Entonces publica Lo que Varguitas no dijo (1983), una especie de memorias donde pormenoriza los nueve años que vivió con Mario. El libro está escrito con resentimiento, cierto, pero abruma la certidumbre de que también con verdad. Es, como escribe la misma Julia, un documento que no tiene la menor intención estética. Antes de leer el libro, yo escribía aquí que Julia anotaba "rectificaciones" a La tía Julia y el escribidor, lo que no es cierto. El libro es sobre todo lo que sucedió después del matrimonio, la estancia en Madrid, en París, la tensión y violencia entre Mario y Julia en esos años, el duro divorcio. Es la historia de los tiempos más difíciles en la vida de Mario, y éste se nos muestra a menudo como una persona difícil en lo personal en desmedro de su vocación. Sin embargo, Julia tampoco se nos revela como una mártir. Además, contiene declaraciones del "verdadero" Pedro Camacho, Raúl Salmón, quien alguna vez declaró "Vargas Llosa trabajaba en Radio Central o Panamericana, no recuerdo bien. Pero creo que éramos buenos amigos ." (Caretas 529). |
Raúl Salmón, en los años 70. Entonces era alcalde de una ciudad en Bolivia. FOTO: Caretas. |
El libro rompió totalmente las relaciones entre Mario y su primera esposa: "Julia, mi ex mujer, publicó un libro lleno de insultos contra Patricia y contra mí. No pude leerlo entonces y no lo leeré jamás", dijo Mario Vargas Llosa a Cambio 16 (Madrid), en una entrevista del 4 de enero de 1988. Tambien existe una edición inglesa con el titulo de "My life with Mario Vargas Llosa" traducción de C.R.Perricone, New York, P. Lang, 1988. La publicación de La tía Julia y el escribidor despierta chismografías de la prensa "no siempre bien intencionadas". El personaje Pascual, de La tía Julia y el escribidor, sí existió: su nombre era Pascual Lucen y tenía el mismo trabajo que el de la novela. "Chiquito, una ardilla, vivísimo: campeón del periodismo telefónico". (Caretas N°337, 22-31 de agosto de 1966) Mario Vargas Llosa sobre la censura a esta novela: "La tía Julia ha sido prohibida en la Argentina, pero esto constituye una excepción. Y se debe a que contiene una serie de pesadeces contra los argentinos. Sin embargo, Conversación en La Catedral, que es un libro muy duro contra las dictaduras, circula allí perfectamente. Mis libros fueron prohibidos un año en Chile, pero ahora también allí circulan libremente. Es en Cuba donde están prohibidos. Porque no creo que en realidad lo que se prohiba sean los libros, sino las personas." (Vanidades n°10, 13 de mayo de 1980) |
SOBRE EL LIBRO:
Alfaguara consiguió los derechos para publicar la obra completa de Mario Vargas Llosa en 1997. El prólogo que el autor escribió para La tía Julia y el escribidor es el siguiente:
La tía Julia y el escribidor
--¿Por qué hablas en el título de "escribidor"?
--Para jugar con la idea de escritor.
--¿La diferencia que, por ejemplo, ha planteado Barthes entre "escritor" y "escribiente"?
--"Escribidor" tiene una connotación peyorativa. Los escritores de mi películas son más escribidores que escritores: uno es un rudimento, un comienzo de escritor, y el otro es como una parodia de escritor. Además, da una cierta connotación risueña a la historia, que es un poco el tono en que está narrada la novela. No es una novela humorística en el sentido que lo es Pantaleón. No hay ese tipo de humor de farsa, pero sí hay un tono risueño, en ciertos episodios. Es un humor que he procurado que sea indirecto, que no esté tan vinculado a la expresión, como en el caso de Pantaleón, sino más bien a las situaciones.
--Me gustaría que abordaras la cuestión de los medios masivos de comunicación.
--Creo que no hay que temer de ninguna manera al gran público y hay que ser más optimista respecto a su capacidad para consumir productos culturales valiosos. El problema es hacer esto sin sacrificar el rigor, sin vender su alma al diablo. Un escritor debe ser fiel a su mundo interior y a los estímulos que lo hacen escribir, pero creo que eso puede ser, de alguna manera, acompañado de un esfuerzo por mantener la comunicaéión, porque creo que es muy peligroso llegar a una literatura solipsista. a una literatura que, por el esoterismo extraordinario de sus formas, sea totalmente inaccesible salvo a un reducidísimo grupo de lectores. Creo que si eso se produce toda la cultura de una sociedad entra en crisis y la propia literatura se convierte en una actividad gratuita, en una actividad elitista (es muy peligroso decir estas cosas, porque puede uno caer en esquemas demagógicos, y yo estoy absolutamente en contra de ellos). Creo que la literatura sólo va a sobrevivir si satisface la necesidad de un público. Si esta comunicación desaparece, este público va a encontrar -como ya ocurre en gran parte, desgraciadamente- en los productos semiculturales lo que la literatura, por culpa en parte de los escritores, .no le da. Eso es peligrosísimo sobre todo en los países subdesarrollados.
Por José Miguel Oviedo
A mediados de marzo de 1977, la
Universidad de Oklahoma y la revista World Literature
Today (antes Books Abroad) organizaron una Conferencia
dedicada a Mario Vargas Llosa, para la que invitaron
especialmente al escritor peruano y a un grupo de
críticos y estudiosos de su obra narrativa. Esta
Conferencia se realizó como parte del ciclo establecido
por los auspiciadores para honrar a importantes
escritores del mundo hispánico, y en él se han
presentado, entre otros, Borges, Octavio Paz y Julio
Cortázar. |
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Vargas Llosa debe haber concedido centenares de
reportajes, sobre los temas más variados, y seguirá
concediéndolos. Si algo justifica la publicación de
este, es que contiene una exposición muy completa y detallada de la génesis, desarrollo y resultado final de su último trabajo novelístico. El lector podrá luego comparar estas declaraciones con la novela misma y sacar sus propias conclusiones. |
JMO: Bien, Mario, ahora que tienes tu novela muy
avanzada y en proceso final de revisión, me gustaría
que echases una mirada hacia atrás y me contases cómo
surgió en ti la idea de escribir este libro. ¿Cómo se
definió, cómo fue tomando forma la historia que
contiene? ¿Y cuándo comenzaste a escribirla? MVLl: Bueno, nació como casi todo lo que he escrito, a base de ciertos recuerdos. En este caso, recuerdos del año que pase trabajando en Radio Panamericana en Lima, o sea el año 1953 o 54. Yo recordaba siempre esta época vinculada a un personaje que trabajaba, no exactamente en Radio Panamericana donde yo me ocupaba de los servicios de noticias, de los boletines, sino de una radio contigua, Radio Central, que era además del mismo propietario de Panamericana. Y ése era un personaje muy pintoresco que escribía todos los radioteatros que eran el plato fuerte de Radio Central. Era un boliviano que había sido importado por los dueños de la radio, los hermanos Delgado Parker, porque habían descubierto que este hombre era un "as" en Bolivia de todo lo que fuera radioteatros e incluso teatro melodramático. Entonces se ocupaba en Lima de todos los radioteatros de esa emisora, que no solamente escribía sino también dirigía o interpretaba como galán. Y era un personaje realmente muy pintoresco que, trabajaba como un galeote, que tenía una extraordinaria conciencia profesional y estaba muy imbuido de su papel de escritor, de artista, pero al mismo tiempo, juzgado desde un punto de vista literario, digamos, era un especie de parodia o de caricatura, de versión pedestre, deformada, un poco patética, de lo que podía ser un escritor. Y tenía realmente mucha popularidad. Entiendo que sus radioteatros, eran un éxito en Radio Central. A mí me divertía mucho, hasta me fascinaba, porque era justamente una época en la que yo sentía cada vez más fuerte la vocación de la literatura. En la que realmente creía que lo que más me gustaba ser en la vida, era ser un escritor. Y creo que el único escritor que yo conocía en esos anos, que realmente podía merecer ese nombre por el tiempo consagrado a su oficio, por el público que seguía y apoyaba su trabajo, era esta caricatura de la una historia entre jocosa y trágica a Raúl Salmón: se volvió loco. Pero la forma como se descubrió que estaba loco fue realmente regocijante porque fue a través de los oyentes de su radioteatro. Un día Radio Central comenzó a recibir cartas, llamadas y protestas de oyentes que descubrían gruesas incongruencias, incoherencias. En sus radioteatros. Personajes que cambiaban de profesión o cambiaban de nombre, o que incluso saltaban de un radioteatro a otro. En fin, empezaban a contarse extravagancias y disparates descomunales en los radioteatros de Raúl Salmón, y así, los dueños de la radio descubrieron que este señor sufría una crisis. Hablaron con él. Entonces, él, muy nervioso, comenzó a introducir toda clase de catástrofes en su radioteatro para liquidar a sus personajes y poder comenzar de nuevo las historias que se le habían empezado a confundir. Al final, la cosa no tuvo solución: Raúl Salmón tuvo que irse a descansar a un hospital. Siempre me quedó dando vueltas en la cabeza la historia de Raúl Salmón y siempre pensé en escribir alguna vez algo que se relacionara con esto. . . En realidad ése es el origen más remoto de esta novela. Por supuesto, en mi libro toda esta historia está muy transformada, se puede reconocer de ella sólo una especie de embrión. Además, he añadido a la historia de este personaje, otra que hace una especie de contrapunto, que es como un lastre, terreno, verosímil, a ese mundo de pura imaginación, de pura fantasía, de locura, que es el mundo de los radioteatros del protagonista. JMO: Muy bien, ¿Y cómo has trabajado ese contraste entre el mundo totalmente imaginario, delirante, del personaje y el mundo más lastrado por la realidad? ¿De qué manera has estructurado narrativamente esto? MVLl: Después de mucho pensar -porque la historia la tuve como proyecto, como te decía, durante bastante tiempo-, cuando empecé mas o menos a tratar de darle una estructura, una forma de materialización a esa historia, se me ocurrió que para que no fuera excesivamente abstracta, para que no ocurriera en un mundo puramente de juego mental, de delirio fantástico, podría ser contrapesada por una historia real, es decir, por una historia más terrestre, más directa; una historia más vivida que fantaseada literatura, el autor de radioteatro boliviano, Raúl Salmón. Bueno, le ocurrió, o imaginada. Entonces se me ocurrió lo siguiente: ¿por qué esa historia de Raúl Salmón no se entreveraba con una historia personal? La época en que ocurrió la historia de Raúl Salmón, fue en un tiempo bastante importante para mí, en primer lugar, porque como ya te dije, corresponde más o menos a los arios en que se definió una vocación que venía pugnando desde años atrás, pero que yo hasta entonces no me había atrevido a asumir del todo. En segundo lugar, es la época en que me casé por primera vez y ese matrimonio fue en cierta forma un acto sumamente temerario, porque yo tenía 18 anos y además porque me trajo muchos problemas en la vida práctica e incluso muchos problemas familiares. Y entonces se me ocurrió que las historias delirantes del protagonista que escribe radioteatros y que tiene una imaginación perturbada, quizás podía mezclarse con una historia que fuera exactamente lo contrario, algo absolutamente objetivo y absolutamente cierto. Una historia en la que yo contaría exactamente unos episodios de mi vida a lo largo de unos meses; el tiempo que trabajé en Radio Panamericana, cómo conocí a la que fue mi mujer, lo que fue mi matrimonio y todo lo que eso significó en mi experiencia personal, etc. Intercalar esas dos historias era un poco como presentar el reverso y el anverso de una realidad, una parte objetiva y una parte subjetiva, una cara verídica y otra inventada. Traté de hacer esto en la novela. Alternar un capítulo, digamos, de imaginación pura o casi pura, con un capítulo de historia personal auténtica, documental. Lo que pasó es que también en este caso, como |
París, 1961. En un típico café del Barrio Lation de París. FOTO: Lo que Varguitas no dijo, de Julia Urquidi. (Cortesía del ejemplar del Dr. Max Silva Tuesta. |
a mí me ocurre siempre, el proyecto empezó a desbaratarse a la hora de llevarse a la práctica. Es decir, los episodios en los que yo quería no ser sino veraz y contar solamente cosas que estaba absolutamente seguro que habían ocurrido así, eran completamente imposibles, porque la memoria es engañosa, y se contamina de fantasía y porque en el momento mismo de escribir ese elemento imaginario se filtra, se instala y se incorpora irremediablemente a lo que uno escribe. Y al mismo tiempo, en los capítulos que son supuestamente o síntesis o paráfrasis de los radioteatros del protagonista, la pura invención tampoco existe. Hay también unos ingredientes, intrusos, diríamos, que proceden de la realidad objetiva, que se van infiltrando poco a poco. De tal manera que yo creo que la versión final de la novela es algo bastante distinto de lo que había planeado, aunque en realidad fue construida sobre esta idea básica. |
JMO: Me gustaría preguntarte ahora si el personaje
principal de esta novela, entra en relación estrecha con
un conjunto de personajes muy crecido, o si es una novela
que se concentra en un protagonista, digamos como en Pantaleón. ¿Dejas que los personajes vayan tejiendo historias muy complejas? ¿Es una novela donde te reduces a márgenes narrativos estrechos, o más bien, corresponde a ese tipo de novelas de ejecución mas ambiciosa e intención plenaria, como La casa verde? MVLl: No es el caso de Pantaleón, en el sentido de que no hay un único protagonista, sino varios. Hay varios que pueden ser considerados centrales. Ahora, lo que pasa es que hay personajes de dos 'categorías. Hay personajes que, diríamos, corresponden a ese nivel "real", donde está el narrador de la historia, en este caso yo mismo, donde está el autor mismo de los 'radioteatros y donde está todo el mundo de las radios, el de la universidad, el de la familia del narrador. Y luego están los personajes que forman parte de ese otro nivel de realidad, la realidad imaginaria o inventada. Y esos personajes son, por supuesto, mucho más numerosos y además son de otra naturaleza. A medida que avanza la novela, se profundiza y agrava la perturbación del escritor, simultáneamente, los personajes van perdiendo su individualidad, se van confundiendo entre sí. Cambian no solamente de nombre sino de funciones. Van borrándose las fronteras que los separan. Mi idea era mostrar a través de este tipo de episodios y de fenómenos, un tratamiento cada vez más irrespetuoso, diríamos, del tiempo y del espacio narrativos. Esto fue haciendo más precisa la historia narrada en el otro nivel de realidad. JMO: El elemento melodramático en tu obra está muy presente desde sus comienzos. En Pantaleón pareces haber llegado a una especie de apoteosis, pero aquí parece que todavía vas a exceder ese limite. ¿Es correcta la impresión que tengo por el capítulo que acabas de leer? MVLl: Yo creo que sí. Ese elemento efectivamente debe haber estado siempre presente en mi obra, porque siempre fui muy sensible a él. Durante mucho tiempo procuré disimularlo o encubrirlo. Pero cada vez menos en los últimos libros. Pero yo creo que éste es el primero dónde realmente constituye la materia profunda del relato. No solamente porque el mundo del radioteatro, el mundo de esa subliteratura que produce al protagonista así lo exige, sino porque la novela misma trata de mostrar cómo todo ese mundo no es sino la magnificación o la selección de una suma de experiencias, que son profundamente melodramáticas y sensibleras en los personajes de la vida real. JMO: ¿Inclusive el personaje que inicialmente iba a ser el que encarnaba experiencias personales tuyas? MVLl: Bueno, la idea, más que eso, el resultado del libro, es descubrir también en esa vida real, en esa versión de una vida corriente, el melodrama del radioteatro. El melodrama existe allí tan profunda, tan vívidamente como en el mundo de la imaginación y la fantasía. JMO: El tono de la novela, por el pasaje que he escuchado, resulta también interesante de comparar con lo que has logrado anteriormente. Es decir, en este caso parece que tu estilo se ha vuelto más parecido al lenguaje, de carácter dominantemente oral, que tú habías ensayado en Pantaleón. No sé si estoy equivocado en esto. MVLl: Mira, en los capítulos que llamo "objetivos", hay un lenguaje sumamente informativo, escueto. . . JMO: ¿Como los "partes" de Pantaleón, por ejemplo? MVLl: No, porque allí hay un elemento paródico, que en este texto no debería aparecer de ninguna manera. No, son capítulos en los que realmente de una manera muy "factual", como se diría en inglés, se va desarrollando la acción. En cambio, en los otros capítulos, había un elemento de "huachafería", como se diría en limeño. Es decir, un elemento paródico y risueño, que aparecería de una manera muy disimulada al principio y que luego se iría acentuando, hasta llegar a ser agresivo, casi insolente en las últimas historias. Este fragmento de capítulo que acabo de leer es una de las historias en las que ya hay una especie de desmelenamiento, en la exageración y la confusión de personajes. La mayoría de los personajes provienen de capítulos anteriores, pero con nombres, oficios y sexos cambiados. Lo que quería era que hubiera una especie de crescendo en esto. No sé si al final en la novela resultara así o si todo es más homogéneo que al principio; de eso no logro darme cuenta todavía. JMO: Esa tendencia de la novela a cruzar las líneas de lo real y lo imaginario, debe tener un significado ulterior. Me gustaría saber cual es el diseño que la novela propone al final. ¿Cuál es la imagen que puede descubrir el lector? ¿Qué es lo que da sentido y unidad a esos dos niveles por los cuales conduces la acción de la novela? MVLl: Bueno, como tú sabes, a mí no me gustan las novelas con moraleja -en todo caso jamás he procurado dar una moraleja. . . .
Mi personaje trabajaba allí en un puesto
modestísimo. Era "datero" policial, ni
siquiera redactor. Traía los datos de las comisarías,
para que los redactara alguien en la revista. A mí me
impresionó mucho verlo. Él había sido dentro del mundo
de la radio un personaje realmente muy importante, muy
famoso en Lima, y ahora pues estaba realmente convertido
en la última pieza en el mecanismo de una revista, pero
curiosamente lo que hacía, estaba también íntimamente
vinculado *Julia es el nombre de la primera esposa del autor.
(J.M.O.) |