Nota: La interpretación que hace este artículo de un par de adjetivos que usó Vargas Llosa está completamente tirada de los cabellos. Es a todas luces un artículo feminista; por otra parte, en otras ocasiones se le ha reprochado a MVLL el carácter "machista" de sus ficciones y una que otra opinión también "sospechosa". En todo caso, Mario ha explicado que en sus ficciones el machismo está presente porque su vena realista se lo exige y no porque comulgue con esa actitud. En fin, antes de pasar al artículo, transcribo un fragmento aparecido en la revista Oiga (Lima) el 12 de julio de 1974:

Alfredo Barnechea: Hiciste unas declaraciones sobre el feminismo que no entendí bien. Ignoro si esa entrevista te satisface, pero en cualquier caso conozco va rias militantes furiosas dispuestas a lapidarte. ¿Qué es lo que te molesta del feminismo? ¿No te parece una rebelión válida que se incorpora al proceso de minar “todas” las bases de la sociedad actual?
Mario Vargas Llosa:
Apoyo el movimiento feminista en todo lo que sea un combate contra la discriminación social y los prejui cios de que es víctima la mujer, pero no estoy nada de acuerdo con esa rama —minoritaria, pero estridente— del movimiento que predica la inco municación sexual entre hombres y mujeres y que cree que la mujer al canzará la liberación plena sólo con la desaparición del erotismo. Mi dis crepancia alcanza únicamente a esa secta puritana y hombricida del MLF.


EL COMERCIO (Lima), Domingo 16 de junio del 2002
El pez por la boca muere

Marcela Robles

Todos tenemos un talón de Aquiles. Y el de Mario Vargas Llosa quedó al aire en una entrevista transmitida el pasado lunes en el programa "Blanco y Negro" que conduce Francesca Denegri en Cable Mágico Cultural. El desliz del gran escritor, cuyas novelas y artículos dan la vuelta al mundo, puso en evidencia una vez más que el machismo o la misoginia no tienen nada que ver con el nivel cultural de las personas.
        La conversación giró en torno a Flora Tristán, el personaje central de su nueva novela El paraíso en la otra esquina, a la que, según sus propias declaraciones, acaba de añadir un último adjetivo, ya que a fin de mes se la entregará a su editor para ser publicada.
        Durante el programa Vargas Llosa se refirió en dos oportunidades a la famosa autora de Peregrinaciones de una paria de la siguiente manera: "Esa mujercita", para añadir más adelante: "Esa francesita". Me pregunto si le hubiera aplicado el diminutivo al ilustre nieto de Flora, el pintor Paul Gauguin (también personaje de la novela), tildándolo de "hombrecito" y "francesito". No lo creo.
        Según el escritor español Arturo Pérez Reverte, "el único gran misterio que queda en nuestra sociedad es la mujer, que en estos momentos es un soldado perdido en territorio enemigo". Lo dijo justo el día en que La reina del sur, su más reciente novela, llegaba a las librerías españolas con una tirada inicial de 275.000 ejemplares. En ella, el autor ha tratado de desvelar el corazón de una mujer y, para ello, ha intentado ver la vida "como la ve una mujer que pelea en un mundo de hombres".
        Después de todo, fueron ellos quienes nos exigieron durante años ser una mezcla de Juana de Arco y la Mujer Maravilla, portadoras del candor de Blanca Nieves (con la capacidad para atender a los siete enanos) y la sensualidad de Angelina Jolie (con las habilidades acrobáticas de Lara Croft). Pero quedó claro que esos atributos eran ideales sólo para sus sueños o para adornar a amantes esporádicas.
        Al final de todos los días, lo que un hombre contemporáneo espera en el fondo es descansar en los brazos de alguien más bien complaciente, no demasiado complicado, que lo escuche relatar las victorias y derrotas de la batalla cotidiana, como lo hacían los guerreros de otros tiempos. Hoy, sería agotador tener que lidiar con Flora Tristán en el ámbito doméstico.
        Esta constatación, que no deja de ser enternecedora y triste, nos coloca a todos en una situación imposible y melancólica. Peor lo cierto es que mientras nos sigan considerando 'mujercitas' (hombres de la talla de Vargas Llosa) -como en el título de la novela de L. Mae Alcott- la representación que tengan de nosotras será la de mujeres en miniatura con las que se puede jugar a la casita. Mientras que sus sueños estarán siempre en otra parte.
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© Augusto Wong Campos, 2004. Yahoo! Geocities Inc.