Para mi amigo Pedro,
un librero de regia estirpe.
LOS LIBROS CONDENADOS
Había empezado a comprar libros en "Dr. Jekyll" hacía no menos de veinte años, cuando tenía más tiempo para pasear por la avenida Corrientes y más dinero para gastar y cuando la librería estaba en un local de la manzana de enfrente.
Desde un principio le agradó el esmero por satisfacer al lector y la formación y conocimientos de las personas encargadas de atender al público, que eran libreros como Dios manda, una fauna que por entonces ya estaba en extinción; y aun cuando sus obligaciones del presente habían ocasionado una merma en su adquisición de ejemplares, seguía siendo fiel a "Dr. Jekyll" por una razón de afecto -única razón imaginable para ser fiel- aunque, eso sí, restringidos sus horarios y movimientos por cuestiones laborales, se había dejado tentar por la tecnología y ahora pedía los libros por teléfono.
Era una bendición que la cortesanía de "Dr. Jekyll" no hubiera variado; ella siempre intentaba hablar con Pedro, una memoria de computadora con la paciencia de un santo, pero si él no estaba otro se hacía cargo de atenderla; todos seguían siendo muy amables y trataban de complacerla, tomaban nota de su pedido, consultaban la base de datos, y averiguaban lo que podían... pero hacía tiempo que no le conseguían nada; no era mala voluntad, de eso estaba segura, pero la respuesta era siempre la misma, lo lamento, no lo tenemos, aunque como compensación, si pedía aclaraciones, se exprimían las neuronas.
De Gargantúa le habían dicho que estaban seguros de que era un colutorio para hacer gárgaras contra la faringitis; Pantagruel, en cambio, les sonaba más como un simple para usar como cocimiento contra el mal de los pantanos; La Mandrágora es una planta medicinal que se supone tiene propiedades anestésicas y afrodisíacas, pero no, no la tenemos; de Siddharta le aseguraron que tenía que ser un remedio contra el HIV; Carmina Burana, estaba clarísimo, era un carminativo; Informe para una Academia no hay ni uno, tenemos poca bibliografía especializada; y de 1984 no tenían nada, porque ya había vencido; Nalé Roxlo era posible que fuera un laboratorio norteamericano, algo así como Temis Lostaló; de Calvino, la palabra lo explicaba todo, era contra la alopecía; pero Rashomon no tenían y no sabían qué era, para qué mentirle; Maupassant tampoco tenían, pero el nombre indicaba que era para sanar algo, no sabían qué, sin embargo tenían Acnesán, que tal vez se le asemejaba; El Precio es variable, le habían dicho, depende del producto; el Satiricón era posible que contuviera satirión, una planta de la que se extrae el salep; Facundo podía ser un específico para hacer fluir las palabras, algo así como una panacea para personas parcas y niños tímidos; Renán tenía altas probabilidades de actuar en los cólicos de riñón, o tal vez en la rinitis crónica; Juvenilia parece el nombre de una crema antiarrugas, ¿qué otra cosa puede ser?, pero no, no la tenemos; de las Euménides deducían que tenía que ser algo benévolo, como eutanasia, por ejemplo; Mircea Elíade era un caso similar al de Nalé Roxlo; Prometeo podía ser un elixir para no olvidarse de cumplir la palabra dada; las Bases en general son alcohólicas, habían asegurado, pero pueden variarse a pedido del profesional; Procopio no les sonaba, y menos aún que tuviera una Historia Secreta, podía haber sido algún médico, pero vaya uno a saber, y ella pudo oír unas voces de fondo 'historia de cronopios, ¿no será?', 'no jodas, che, ¿de qué hablás?', 'shh, calláte, ¿no ves que está hablando con una clienta?'.
De la buena voluntad no tenía dudas; de que algo extraño sucedía, tampoco. No parecía "Dr. Jekyll", tan cambiado, sin embargo la comunicación entraba bien, había llamado muchas veces y siempre contestaban 'doctor yékil, buenos días' / 'doctor yékil, buenas tardes', ella no estaba equivocada, o tal vez sí, ¡pero no! y para demostrárselo razonaba que todas las librerías venden libros / "Dr. Jekyll" es una librería / por lo tanto "Dr. Jekyll" vende libros. Impecable -el silogismo, lástima que los libros nunca aparecían-, pero si las cosas continuaban así tendría que considerar seriamente la posibilidad de la existencia del Orden Negro, de una Santa Alianza contra el saber; piensa mal y acertarás, pero no, no quería ser malpensada y hasta donde ella sabía los libros no se compraban en las farmacias, aunque bien mirado en las farmacias ya vendían hasta juguetes, y en las jugueterías no se había fijado, pero no le hubiera extrañado encontrar analgésicos, vitaminas, antirreumáticos... no, no, estás delirando, volvé a la tierra, mujer, no te des por vencida ni aun vencida, no se rendiría, no, iba a seguir insistiendo, en "Dr. Jekyll" la atendían bien, y además los paquetitos para regalo quedaban preciosos.
La sorpresa se la llevó el día que llamó por teléfono y preguntó si tenían Las Flores del Mal: '¡Bueno! por fin tenemos lo que busca, hoy es su día de suerte', y había corrido feliz a buscar el ejemplar; tan emocionada estaba que no advirtió los cambios que había sufrido el local, no vio, por ejemplo, que los pocos libros expuestos en la angosta vitrina al costado derecho de la puerta versaban todos sobre el mismo tema: la salud, pero el empleado del mostrador la estaba esperando y sabía que era ella y que iba a buscar el libro y ya se lo había envuelto y todo, para que esta vez no tenga de qué quejarse, pero ¡ay! cuánto lo siento, no tenemos papel para regalo; bueno, no importa, había dicho, nada va a empañarme el placer de comprar un libro en "Dr. Jekyll", y había pagado y quedaba muy agradecida y había salido a la calle y se sentía tan bien que no había reparado en nada.
Cuando entró al auto apoyó el paquetito sobre el asiento de atrás y le llamó la atención la nueva etiqueta, los tiempos cambian, ¿habrían cambiado el 'look'?, no veía bien el dibujo pero le parecía un alambique, ¿un alambique? ¿qué tendrá que ver? pensó mientras se ponía los lentes para ver de cerca, entonces miró bien y leyó "Laboratorio del Dr. Jekyll - especialista en recetas magistrales". Arrancó el papel del envoltorio y vio el libro. Era Las Flores de Bach.
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(Todo se transforma -a veces demasiado-. ¿Quién ignora la suerte del Dr. Jekyll?)
Vivi de San Cristóbal
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