Receta infalible para poder estacionar su automóvil donde lo desee

Ingredientes:

  1. Un clavo miguelito.

  2. Un trocito de óxido de hierro que tenga la propiedad de atraer el hierro y algunos otros metales (vulgarmente, imán).

  3. Algunas herramientas.

  4. Un poco de astucia.

  5. Un poco de imaginación.

  6. Nada de miedo al ridículo.

Manera de conseguir los ingredientes 1. y 2. y procedimiento a seguir:

Usted puede fabricar un clavo miguelito a partir de dos clavos comunes, a los que deberá descabezar, afilar los extremos decapitados, doblar en ángulos de noventa grados (cuidando de que no hiervan), y unir con un punto de soldadura, de manera que quede formado un trípode con una patita extra, apuntando hacia arriba.

Si no quiere hacer este trabajo, vaya a una manifestación de obreros metalúrgicos que estén protestando. Deberá registrar cuidadosamente el suelo y es más que seguro que encontrará su clavo miguelito.

Luego, o antes, vaya a una ferretería (o a un museo de ciencias naturales, o a un instituto de mineralogía) y pida un trocito de imán. Dígale un piropo por el estilo de:

¡Nena! ¿Qué comés, bulones?

Si se pone contenta, quedará en evidencia que se trata de un imancito hembra. Cómprelo.

Ahora supongamos que usted encuentra el miguelito en la calle. Levántelo y comience a chamuyárselo. Será imprescindible que averigüe su nombre de pila (no el suyo, el del clavo), ya que 'miguelito' es un nombre genérico, el apellido, como quien dice. Para esto deberá utilizar un poco de astucia, porque los miguelitos no son muy habladores y, además, son taimados y no quieren revelar su verdadero nombre, así que proceda según su imaginación. 

Cierta vez yo utilicé el método de la falsa redondilla. Dado que el tipo no quería hablar, dije a la pasada, como para mí: 

Me produce mucha gracia
este clavo estrafalario:
sus amigos me han contado
que su nombre es Olegario...

y como los miguelitos no tienen cabeza, enseguida cayó en la trampa:

Discúlpeme, caballero,
pero ha comprendido mal,
en la fábrica es sabido 
que mi nombre es Germinal.

En fin, usted verá cómo se las arregla con su miguelito, pero supongamos que también se llama Germinal y que usted desea valerse de sus servicios.

Primero deberá convencerlo de las bondades de una imancita que tiene en su bolsillo: dígale que es muy atractiva. Dado que no podrá hacerle el bocho, tendrá que empaquetarlo de alguna manera; esto no será tarea sencilla si trata de envolverlo con papel, pero envolverlo con palabras es más fácil (la voluntad de un miguelito es muy lábil, y más si se le interpone un imancito hembra). Doy por hecho que usted logrará interesarlo.

Luego, o antes, y valiéndose de un taladro y una mecha adecuados, hará en el trocito de óxido de hierro un agujerito de un diámetro similar al de las patitas del miguelito. Si tiene un calibre mejor: podrá hacer una medición exacta, pero esto no es imprescindible, ya que el agujerito funcionará de todos modos. 

A la imancita no hace falta que se la chamuye, simplemente dígale que va a presentarle a su miguelito; ella sabrá cómo actuar.

Luego, sencillamente, elija dónde quiere estacionar su automóvil. Deje allí al miguelito y dígale algo así:

Cuídeme este lugarcito
mi estimado Germinal.
Si aparece un cancherito
pínchelo en forma bestial.

O bien:

Cuídeme este sitio, Germinal. 
¡Usté puede!

Váyase a buscar su auto y vuelva sin prisa para estacionarlo. Lleve con usted el trocito de óxido de hierro y haga las presentaciones del caso respetando el protocolo:

Doña Imancita, a fe mía
que la pasará genial:
la colmará de alegría
miguelito Germinal.

Lo demás puede imaginarlo. Mientras ellos se estén acoplando usted podrá estacionar tranquilamente. 

Cuando retire el automóvil, no olvide llevarse a la imancita. El miguelito quedará al acecho hasta que usted decida volver.

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Si todo lo anterior no le diera el resultado esperado, siempre podrá:

  1. Utilizar el miguelito como pinchapapeles,

  2. utilizar el imán para sostener papeles contra la puerta de la heladera, y

  3. elegir un garaje de su agrado, donde, a cambio de unos morlacos, podrá estacionar su automóvil con comodidad.

Vivi de San Cristóbal

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