A FAVOR DE LOS LIBROS, MIENTRAS LAS VELAS ARDAN
El vendedor ambulante
Muy buenos días, señoras y señores:
Voy a distraer un momento su amable atención para ofrecerles algunas reflexiones acerca de los libros y de sus simulacros virtuales, los textos de libros que pueden leerse en una computadora (que dicho sea de paso, no son libros), al increíble precio treinta centavos.
Como todos sabemos los libros son unos objetos de papel que contienen letras e imágenes impresas, y que están quedando obsoletos; y esto es una verdadera pena porque además de divulgar la cultura suelen ser objetos bonitos.
Pero no se trata solo de la posible belleza material: quiero hacerles notar que el libro impreso tiene infinitas ventajas sobre el texto virtual.
El libro tiene una forma, un color, un olor... y puede ser trasladado en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero.
Además podemos llevarlo en el auto, en el tren, en un avión, a la plaza, a la cama, al bar, y nunca se va a quedar sin batería como una 'notbuk', con la ventaja de que en general es más liviano, y lo que es mejor, nadie va a tratar de arrebatárnoslo. ¿O acaso ustedes conocen algún mortal al que lo hayan atracado para robarle un libro?
Y también podemos leerlo en la bañera, mientras nos damos un baño de inmersión... (que alguien me explique, por favor, cómo haría para sostener una computadora portátil sobre sus rodillas si están sumergidas en agua).
Pero esto no es todo, señoras y señores: el libro nos permite estar leyendo la página 234 y mantener señaladas las páginas 54, la 125 y la 203, yendo de una a otra con facilidad y rapidez y comparando lo que dicen, cosa muy incómoda de realizar en la pantalla de una computadora.
También podemos glosarlo, subrayarlo y cuando queremos volver a un punto que nos interesó y que tal vez recordamos que estaba, por ejemplo, hacia el final del tomo, al comienzo de una página par, ojeamos el libro hacia un lado y otro y con una rápida lectura seguro que aparece lo que buscamos.
En cambio, para encontrar un dato preciso mediante el comando 'buscar' de un programa, tenemos que recordar más de una palabra en el orden correcto en que están escritas, ya que si un solo carácter fuera alterado el buscador no encontraría lo que necesitamos.
¿Quieren otra ventaja? Ahora los libros están baratísimos, es el momento de formar su propia biblioteca, si todavía no la tienen, porque en las librerías del centro de Buenos Aires se consigue de todo, desde los clásicos hasta los 'best sellers', ¡y en oferta!
Y como si esto fuera poco, otra ventaja más: para leer un libro no es imprescindible que funcionen la electricidad, el teléfono, la computadora y el servidor (todo carísimo): basta con que haya un poco de luz natural, que no tiene costo alguno.
¡Claro! -me dirán- ¿Y de noche qué hacemos?
Muy simple: para casos de oscuridad extrema les vendo una vela de parafina al increíble precio de treinta centavos.
¡Treinta centavos, damas y caballeros! Menos de lo que cuesta un chicle. Treinta centavos por la luz de una vela que dura ocho horas y puede proporcionarles ocho horas del exquisito placer de la lectura.
¡Una oferta realmente increíble!
Vivi de San Cristóbal
Buenos Aires, septiembre de 2000